Su mundo es otro


Existen dos realidades: la que habitan los jerarcas y la nuestra. La suya la conocemos a distancia, cuando la prensa nos despierta del sueño de una noche de verano. La nuestra es la que es, con más de la mitad de las familias sobreviviendo con menos de mil euros al mes y con la cabeza agachada ante los designios del poder. En el Parlamento Europeo suelen sentarse treinta en lugar de los setecientos cincuenta que con sueldos millonarios la pueblan. Es tan humillante que a uno le dan ganas de darse de baja. De europeo, y también de español. Porque España se ha convertido en un lugar injusto.

 Recientemente, La Voz decía que una familia gallega que gana 43.000 euros gasta 10.000 en impuestos. Y entonces pensé en los que se llevan el dinero a Suiza y en los corruptos y en los que dan lecciones de españolidad ahorrando en Andorra. Es otro mundo. El que habitan los insignes jubilados que arruinaron sus negocios y que, pese a todo, reciben pensiones multimillonarias por su excelente gestión. El de los futbolistas que se sienten estresados cuando juegan dos partidos a la semana y cobran veinte millones al año. El de los especuladores que hunden una empresa sin el mínimo reparo.

Viven al margen de la gente, en una burbuja ajena al dolor. Pero precisan a la gente. Porque sin la gente, los eurodiputados carecerían de votantes; los defraudadores no tendrían millones y los futbolistas unos ojos que los mirasen. La gente un día se va a hartar de verdad. «Su mundo» empieza a dolernos demasiado.

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