¿Huelgas salvajes? No, gracias


No conozco a Ethel Vázquez, pero, desde hace unas semanas, tiene toda mi simpatía. Fíjese, hasta  me ha entrado interés en conocerla, y si tuviera esa oportunidad le diría: «Sigue así». ¿No me entiende? Mire su llavero. ¿Qué ve? ¿Se lo digo? Las llaves de su coche, y no soy mentalista, simplemente soy un gallego que sabe que nuestro mapa del transporte es de hace más de sesenta años. Fíjese, es anterior, incluso, a los procesos migratorios del campo a la ciudad, a finales de los sesenta y principios de los setenta. Un anacronismo que nos llevó a tener una de las peores estructuras de transporte de pasajeros de España. Ha provocado que veamos imposible movernos en transporte urbano, algo que lleva décadas siendo una realidad en otras partes del país. Y ahora que encuentro a una conselleira dispuesta a darle una vuelta a esta situación, ¿voy a decirle que recapacite? Nunca. A quien sí voy a darle dos consejos es a la patronal. Miren, no se pasen de frenada y negocien bajo los parámetros de la legislación laboral. Los servicios mínimos están para cumplirse y si creen que nos pueden tomar a todos nosotros como rehenes están muy equivocados. Galicia no es suya, es nuestra, y el dinero con el que les pagamos sus facturas también es nuestro, de los ciudadanos, de los que votamos y de los que no lo hacemos, pero, en todo caso, de los que entendemos que han de ser los gobiernos y no colectivos con claros intereses mercantiles los que han de gobernar nuestras vidas. Al promover una huelga salvaje, con incumplimiento de los servicios mínimos, tienen una osadía y altanería que ni para sí imaginó el todopoderoso sindicato de la estiba, solo comparable a la de los controladores aéreos, problema que, por cierto, solucionó con acierto el exministro José Blanco.

Obviamente, todo acuerdo es deseable, pero no todo acuerdo debe presuponer que no habrá costes. Difícil, por no decir imposible, adaptar el mapa de transporte público a la nueva realidad demográfica gallega sin que esto genere perjuicios a los intereses de algunos, y si por ellos analizáramos la propuesta, podríamos encontrar alguna comprensión a las demandas de la patronal, pero el arte de gobernar tiene alguna variable más, y esta es la de los usuarios y todos los que sin ser usuarios abonamos el servicio con nuestros impuestos.

Y es que puestos a subsidiar, a lo mejor es preferible que el beneficiario sea un centro de salud, una unitaria, o un centro de día. Sí comprendo la incertidumbre de los trabajadores, y aquí sí creo que todo esfuerzo es poco, son los grandes inocentes, los que nunca opinan, y los que absorben los mayores golpes. No sería de justicia que los principales  costes recayesen sobre ellos, como tampoco es de justicia que cientos de miles de gallegos no tengan a ninguna hora del día ningún medio para trasladarse a su puesto de trabajo. Exiges madurez, aporta madurez.

Venancio Salcines es profesor de Economía de la UDC

Por Venancio Salcines Profesor de Economía de la UDC

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¿Huelgas salvajes? No, gracias