Salir en la foto


Ya dijo Alfonso Guerra hace más de 30 años, que el que se mueve no sale en la foto. Y sin embargo, aún no había terminado Pedro Sánchez y su coral polifónica de interpretar La internacional con la que clausuraban el congreso y ya le estaban lloviendo garrotazos por todos los lados. No por lo que dijo o propuso, sino porque no ha sido capaz de cerrar las heridas, negándose a dar protagonismo a las viejas glorias.

 Las caras hablaban por sí solas. Las de Zapatero y Rubalcaba eran de misa de funeral. Y las ausencias, significativas. González tenía compromisos insalvables, Guerra estaba jugando al parchís y la llorosa Susana tenía cosas más importantes que hacer y salió a las carreras. El resto de barones, García-Page, Puig y Lambán, dejaron constancia de su cabreo. De otros mandamases, Blanco, Valenciano, Luena, López, Madina y Barreda, ni rastro. Pintan tanto en el nuevo PSOE como usted y como yo; es decir, que ni los conocen.

Y esto le ha valido un torrente de palos a Sánchez como si los partidos españoles se distinguieran por abrir las puertas a los que discrepan del gran timonel.

Susana Díaz se comprometió a coser los rotos socialistas, pero no le dieron oportunidad. Y Sánchez no cose, remienda. Acaba de colocar un gran remiendo a todas las diferencias y miserias del partido, que recibe en uno de sus momentos de mayor deterioro. Y por eso, de lo que habría que hablar no es de los que no aparecen en la foto, allá ellos; hay que hacerlo de propuestas, programas, contradicciones y aspiraciones. Que es lo que debería preocuparnos. Pero es que las fotos nos pirran.

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