Ola de machismo


Puede que una ola no nos esté dejando ver a la otra. Que la de calor con temperaturas asfixiantes nos impida apreciar la de machismo, también irrespirable, que nos invade en los últimos días. O, lo que es más grave, puede que estemos ya tan acostumbrados a asistir a las bravuconadas machistas que ni reparemos en su gravedad y en lo que suponen para legitimar y dar alas a los que toman a las mujeres por simples bayetas de la limpieza.

Un portavoz parlamentario hace un comentario soez e insultante, y no solo los suyos le ríen la gracia, sino que a tal hora ninguno de los que lo arropan le han afeado la conducta. Tampoco las mujeres. Y un fiscal de Ourense pide juzgar a quien denunció acoso sexual, en un caso del que conocemos unas conversaciones un tanto sospechosas e improcedentes.

Son solo dos muestras de estas semanas sobre la generosidad con la que acogemos las actitudes de desprecio y agresión hacia la mujer.

La violencia machista no se combate deteniendo a los asesinos, una vez que cumplieron su objetivo. Se vence también rechazando comportamientos. Y en esto tenemos que estar todos. También el parlamentario Rafael Hernando y el fiscal Florentino Delgado. Para que no tengamos que volver a llorar.

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