El Popular... ¿Muerto o de parranda?


Mira, Chechu, yo en tu época, con una peseta compraba un montón de cosas. ¿Qué compras tú por un euro ahora? 

-Un banco, abuelo, un banco.

Más allá del chascarrillo, sal en la herida de los miles de accionistas que lo han perdido todo en este sainete, la cantidad de memes que salpican estos días las redes a cuenta de la compra del Popular condensan con precisión de cirujano la tragedia en la que se ha convertido la caída de una entidad a la que, quién lo diría, se aludía como ejemplo de buena gestión no hace tanto tiempo. El Popular sintetizaba para los analistas del sector la banca de la peseta, la del ahorro, las familias y las pymes. Ver para creer. ¿Seremos algún día conscientes del tóxico legado que llevamos pagando casi una década por el presunto milagro económico de Aznar, prorrogado en aquella España de Champions que invocaba Zapatero? En materia económica, sostiene el nobel de Economía Jean Tirole, el infierno está lleno de buenas intenciones.

El humor de trazo más o menos grueso que inunda las redes sociales desde hace 48 horas representa una metáfora inequívoca de un hecho difícilmente cuestionable ahora: el Popular era un banco zombi, pero nadie tuvo los arrestos de comunicárselo a accionistas y depositantes. Y aquí entra en escena quizás la cuestión central del asunto. ¿Cómo puede ocurrir que una entidad que supera las pruebas de esfuerzo de la Autoridad Europea languidezca hasta este extremo? ¿No decía el ministro De Guindos hace solo unos días que era una entidad totalmente solvente? O es una cosa o la contraria. O estaba muerta o de parranda. Ambas no son compatibles, por lo que parece urgente encontrar a los responsables de semejante despropósito. Ya sean los gestores del banco o los técnicos del supervisor. O todos en amigable comunión. La Justicia dirá si estamos ante un remake del caso Bankia. 

Porque la otra hipótesis sobre el colapso del Popular resulta aún más inquietante. Y esa otra tesis sobre lo ocurrido mantiene que unos cuantos intereses ocultos se alinearon para socavar la confianza en la entidad y propiciar este desenlace por el que uno de los gigantes del sector se hacía con un competidor a un precio muy atractivo. Jugar con la cotización de un banco no sistémico hasta su hundimiento para desatar el pánico entre los depositantes, responsables últimos con sus decisiones de la crisis de liquidez y la consiguiente intervención del Mecanismo Único de Resolución. Pero esto no es más que una burda teoría de la conspiración que ya circula por ahí. Inverosímil en la Europa de nuestros días. Imposible de visualizar en esta España transparente y moderna, que presume de la fortaleza de su sistema financiero. ¿Qué opinan? ¿Con cuál de las dos se quedan?

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