El viraje europeo de Rajoy


Cuando se haga balance de las políticas de Mariano Rajoy -a veces muy desatinadas-, seguramente su reciente propuesta para impulsar un cambio en el gobierno económico de la eurozona sea considerada como uno de sus principales aciertos. En efecto, el documento que el Gobierno español acaba de remitir a la Comisión Europea incluye el catálogo de reformas que se hacen necesarias para dar al euro la base firme de la que ahora mismo carece. Una mayor integración fiscal que complete la monetaria; un seguro de paro paneuropeo; un seguro común de depósitos que cierre la unión bancaria; y una fórmula para mutualizar la deuda pública, del tipo de los famosos eurobonos: tales serían los principales puntos que ahora se proponen, y que en gran medida coinciden con lo que desde hace tiempo plantean los mejores conocedores de la política europea, como el profesor Paul De Grauwe. 

No siempre fue así. A partir del 2013 esos cambios ya eran urgentes, como reconocieron algunos gobiernos dispuestos a impulsarlos: primero el presidente francés, que ante el rechazo alemán no tardó en echar el freno, y luego el siempre activo primer ministro italiano Matteo Renzi, quien intentó llevar el pulso reformista un poco más lejos. La principal rémora que encontraron desde el principio esas tentativas fue la total lejanía que manifestaba la posición oficial española: siempre temeroso de incomodar a la canciller alemana, Rajoy se erigió en defensor de la ortodoxia del ajuste, aunque no fuese eso precisamente lo que más se acoplaba a los intereses de España. Menos mal que en esos años estuvo ahí el señor Draghi y su BCE, para poner en marcha sus salvíficos vientos de cola.

Pero ya se sabe que, si la dicha es buena, nunca es demasiado tarde. La proposición española llega en un momento clave de la integración europea, cuando al empuje reformista que se presupone al nuevo presidente francés, parece unirse, por primera vez, una cierta mirada cómplice de Alemania (si bien Angela Merkel y su ministro Schäuble emiten señales contrapuestas sobre el asunto, como si jugaran al poli bueno y el poli malo). De hecho, podría conjeturarse que Rajoy no daría este paso si no contara con algún compromiso alemán en esa dirección, si no respecto al paquete completo (lo de más problemática aceptación serán siempre los eurobonos), sí al menos en relación a alguna fórmula intermedia para un nuevo acuerdo. Por lo demás, todo eso se produce cuando la Comisión extiende una mirada de cierta autocrítica sobre sus políticas en el pasado reciente, y parece bien dispuesta para abrirse a un escenario diferente.

El caso es que la ocasión es de oro, y en relación con ella esta vez el Gobierno de Mariano Rajoy acierta de lleno. Eso sí, el tiempo dirá si tan digno intento va en serio o si por el contrario no es más que un brindis al sol que será retirado si se encuentra con un mal gesto en Berlín o en Bruselas. De momento, parece lo primero.

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