Compañeros de partido


Decían que iban a hacer un debate de guante blanco, una conversación amable y de propuestas por una convincente razón: «Somos compañeros de partido». Y lo cumplieron con todo rigor. Confirmaron el chascarrillo del baremo de enemistades políticas: hay adversarios, enemigos, muy enemigos y compañeros de partido. Y algo más, también meritorio: como entrañables compañeros que son, no se lanzaron insultos malsonantes, ni se llamaron nada que no pudiesen escuchar los niños, ni hubo que llamar a los bomberos, ni se tiraron de los pelos; solo se tiraron piedras dialécticas para demostrar quién es más incompetente, más contradictorio, más cómplice del PP o de Podemos y menos de fiar. En ese aspecto, el debate tuvo su interés.

Lo mejor que tienen Susana y Pedro es su servicio de documentación. Ambos iban armados de recortes de periódicos, de viejas declaraciones del uno y la otra, para tratar de demostrar lo de aquel debate entre Nicolás Redondo y Marcelino Camacho: «Mientes, Marcelino, y tú lo sabes». Cada cual había dicho alguna vez algo de la nación de naciones, cada cual había cometido alguna torpeza, cada cual había obtenido menos votos de los deseables. Los archivos son un arma cargada de pasado y, cuando un debate se basa en lo pasado, en debate del pasado se convierte. El único que parecía no tener pasado era el bueno de Patxi, pero estaba dispuesto a demostrar que lo tenía cuando fue lendakari con los votos del PP. ¿El futuro? El futuro se resume en una sola frase: hay que echar a Rajoy.

No ha quedado muy claro cómo ni cuándo, pero la voluntad existe. Pedro desprecia tanto a Rajoy como Susana a Podemos, pero al menos les une la voluntad de no colaborar más con la derecha. En ese sentido, el perdedor fue don Mariano, porque a partir de ayer, gane quien gane, le será muy difícil contar con apoyo socialista: hasta le quieren anular entera la reforma laboral, cuando el presidente presume de su éxito en el Pekín de la China. Y tampoco pactará con Podemos… mientras no lo necesite; pero hoy el PSOE sufre la abstención en la investidura como su pecado original. Como su cruz.

En síntesis, el debate fue eso: Susana es muy mala porque es de la facción abstencionista, y Pedro es pésimo (ya lo había dicho Rajoy) porque siempre perdió las elecciones. En el proyecto de programa, partido y país, nada que no pueda suscribir, por ejemplo, Albert Rivera. Y en lo personal, cambio de sexo: Pedro va de Belén Esteban como Príncipe del Pueblo; Susana va de Moisés que llevará a su pueblo a la tierra prometida, que viene a caer por la Moncloa, y Patxi va de párroco de pueblo euskaldún que el tiempo dirá si estaba allí para «daros fraternalmente la paz» o para oficiar un funeral.

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