Venezuela, la hora de la diplomacia


Con el bárbaro intento de Nicolás Maduro de eliminar el principio de convivencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, Venezuela está que arde, desestabiliza al conjunto de la región y ve en riesgo la seguridad de sus ciudadanos por una honda fractura interna. Si prevalece el instinto de supervivencia sobre la ruptura institucional, podría reconducirse la situación y dar paso al fin de un ciclo iniciado hace dos años con la mayoría parlamentaria de la oposición. Final probable tras las elecciones regionales de este mismo año y las presidenciales previstas para el próximo.

En semejante contexto nos preocupan los ciudadanos de origen español -mayoritariamente gallegos y canarios- que constituyen la tercera colectividad más numerosa en el mundo después de Argentina y Cuba. No menos debieran preocuparnos intereses de empresas como Telefónica o el BBVA, por citar dos casos relevantes, bien situadas, pese a la inseguridad jurídica y los vaivenes políticos.

Pese a las aparentes posturas antagónicas de PP y Podemos cuando de Venezuela se trata, solemos olvidar que España es, después de Rusia y China, el principal suministrador de armas del régimen bolivariano, con especial querencia por fragatas y aviones. Venezuela es el primer país de América Latina en gasto bélico desde 1999, no tanto para excelencia de un Ejército -que si tuviera que repeler una intervención militar, tendría dificultades- como por otro tipo de beneficios.

Donde la sombra de una corrupción generalizada trasciende fronteras y se viven tiempos convulsos e impredecibles, importa mucho que España cuide con esmero las relaciones de alto nivel entre ambos países.

Muy recientemente el andaluz Jesús Silva y el gallego Santiago Camba han sido nombrados embajador y consejero laboral. Silva es un experto diplomático de carrera y presidió la empresa pública Ineco tras su etapa panameña, que coincidió con la ampliación del tercer juego de esclusas del canal interoceánico (remember Sacyr). No es lo habitual encontrar diplomáticos mutados en empresarios y viceversa, en este caso actuando, además, en la misma zona geopolítica. Algo parecido ha ocurrido con Morenés, embajador en Washington, y pasó antes con el exembajador en la India, apartado por sospechas de corrupción, Gustavo de Arístegui. Respecto a Camba, llega desde Buenos Aires, donde deja una larga estela de emociones que es fácil contrastar entre nuestros conciudadanos de allí. Silva se ocupará de las relaciones comerciales, sin duda. Camba de los intereses de los particulares, o así debiera ser.

El momento histórico es de enorme responsabilidad. No lo perdamos de vista.

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