A la murciana manera


En el Murciagate, PSOE y Podemos juegan a lo suyo al día siguiente de que Susana Díaz se comprometiese a que los socialistas, con ella al frente, jamás pactarían con los aspirantes a asaltar el cielo de la izquierda. En la acera de enfrente, el PP confirma que la reforma Catalá, que cambió imputado por investigado, era una mera coartada para evitar dimisiones incómodas. En cuanto a Ciudadanos, toca preguntarse para qué sirve, pues ya debería saber a qué juega allí donde permite gobernar: PSOE en Andalucía; PP en Murcia, Madrid, La Rioja, Castilla y León, o España, sin ir más lejos. 

Ciudadanos fue, probablemente, resultado del cansancio del ala liberal de la derecha española ante un PP oxidado que malbarató la mayoría absoluta del 2011 y del que se veía venir su incapacidad para la renovación, el consenso, la separación de lo más rancio de la Iglesia católica, incontables y bochornosos casos de corrupción, y un estilo que recuerda demasiado al de sus abuelos. Tras su rodaje en Cataluña, parecía destinado a ser el relevo moderno y natural de la derecha española, jugando con Podemos en la izquierda, para cambiar el bipartidismo de la transición por otro protagonizado por generaciones más jóvenes.

Pero el producto de diseño que lidera Albert Rivera está lleno de vacío ideológico aunque pueden reconocerse como rasgo definitorio su nacionalismo españolista de corte tradicional y su empeño en proclamarse llave de la regeneración y la honradez de la vida política, que han demostrado ser, precisamente, sus puntos flacos. El caso murciano ha confirmado su enorme inmadurez al retirar su apoyo al gobierno de Pedro Antonio Sánchez, por corrupción, sin tener preparada una alternativa que fue planteada, inmediatamente, por el Partido Socialista mediante moción de censura positiva y sin reparos al apoyo de Podemos.

El problema de la corrupción va más allá de lo que supone de fallo sistémico y estructural, pero aún no se ha inventado otra forma de gestionar las cosas públicas que no pase por la política. En la española conviven personajes anclados en el pasado, bien conocidos de todos, con advenedizos improvisadores, como Rivera, que parecen no haber aprendido nada de lo que nos ha traído hasta aquí. Hay ya demasiados problemas y poco tiempo para seguir sin respuestas y sin ideas, con la cabeza al sol y sin protección solar por falta de prevención. A la insolación en Murcia le llaman «coger un ojico de sol» y parece que los de Rivera saldrán de esta renegríos a la murciana manera.

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