Defensa del secreto de reunión


Según contaba ayer la edición digital de este diario citando fuentes gubernamentales, el señor Rajoy está dispuesto a mantener nuevas reuniones secretas con el señor Puigdemont. «Será si le dejan al presidente catalán», pensé para mis adentros. Será si le dejan sus socios de gobierno, que quieren un diálogo de puertas abiertas para demostrar que la negociación es imposible. Y será si le dejan sus amigos de la CUP, que les da urticaria solo de pensar que un independentista estrecha la mano de un gobernante que no quiere «liquidar España, la ley y la soberanía nacional». Esos de Esquerra y la CUP son capaces de ponerle un chip a Puigdemont que se activaría nada más cruzar el Ebro.

En todo caso, si hay esos encuentros, nos enteraremos mucho después por lo que dijo el ministro portavoz: se deben celebrar «sin la presión mediática de tener que salir a contar algo; cuanto menos ruido y menos presión, mucho mejor». ¡Si lo sabrá el presidente español! La última vez que vino a la Moncloa un presidente catalán con luz y taquígrafos, se armó la mundial: Rajoy le negó el pacto fiscal y Artur Mas regresó a Barcelona convertido en independentista de toda la vida. La vez anterior que vino Artur Mas fue a ver a Zapatero, entre ambos desatascaron el Estatut y ahí empezó todo. Así que más vale no tentar a la suerte y no tener que «salir a contar algo». Los secretos de alcoba en la alcoba se quedaron siempre y se deben seguir quedando.

Defiendo las reuniones secretas de la Moncloa. De hecho, la mayoría de las que allí se celebran son secretas, empezando por los Consejos de Ministros, sobre cuyas deliberaciones los asistentes juraron no decir una palabra. Las defiendo porque, si no las hubiera habido, el Partido Comunista no habría sido legalizado y la Constitución no se hubiera podido pactar. La política, como otros menesteres, requiere sus espacios y sus tiempos de intimidad. Y la política catalana, mucho más: se trata de negociar lo aparentemente innegociable, de pactar lo inimaginable, de buscar el milagro de que los independentistas se conviertan a la idea de España y de que el defensor de la idea de España entienda, por fin, de qué va eso de Cataluña. Y eso es intraducible en una rueda de prensa, que es lo que viene a decir el ministro portavoz.

Perdón por el tópico, pero lo único importante es que se hable. Mientras los vemos hablando, nos hacemos la ilusión de que el conflicto catalán puede tener arreglo. No es más que una ilusión, pero se va ganando tiempo. Aquí de lo que se trata es de ganar tiempo, retrasar el choque de trenes que sigue siendo inevitable, pero mientras los trenes no choquen no hay que evacuar a los heridos. Supongo que sigue siendo la táctica de Rajoy.

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