Somos unos benditos


No es que los gallegos seamos unos escépticos, como dice el presidente Feijoo a propósito del retraso de las obras del tren ese que nos vamos a morir sin verlo andar. No. Los gallegos somos unos benditos. Porque nos dejamos engañar aún a sabiendas de que nos mienten. Aquí llega cualquier charlatán, se sube a un estrado y nos cuenta que desde pasado mañana vamos a Madrid en un pispás y hacemos una fiesta, aunque sepamos que se trata de un señuelo electoral. Nuestra bondad, también llamada docilidad, es tal que por muchos escarmientos que llevemos, siempre esperamos que sea la última vez.

Nos puede volver a ocurrir con la confesión del presidente Feijoo de que fuimos engañados pero que al fin dispondremos del tan ansiado AVE en un par de años. Más de lo mismo. ¿Por qué vamos a creerlo ahora? ¿Qué diferencia existe entre la promesa del 2019 y las del 2010, 2012, 2014 o 2015? ¿Valen más los compromisos de Feijoo y el ministro De la Serna, que los de Fraga, Álvarez Cascos, Aznar, José Blanco, Ana Pastor, Zapatero o Magdalena Álvarez?

El presidente Feijoo o no quiso ser más exacto o no termina de conocernos. Porque los gallegos no somos escépticos. Somos, además de unos benditos, unos guasones. Tanto que cada vez que tienen la idea de darnos un nuevo plazo para disfrutar de ese tren que vuela bajo, nos tronchamos de risa. Es que nos desternillamos. Y no es para menos.

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