Presidente de los «realities»


Presidente de la Escuela de Finanzas

Es difícil predecir el comportamiento de los populistas y, si han forjado su imagen mediática en un reality  show, mucho más. El productor ve normal incorporar y retirar protagonistas según el comportamiento de la audiencia. Ella manda. Es el reino del cortoplacismo. Creemos saber qué hará mañana Donald Trump, pero ignoramos cómo actuará dentro de doce meses o dos años. Demasiado tiempo. Ni él mismo la sabrá y tampoco lo verá como un mal. Entenderá que es parte de su astucia.

En todo caso, hay tres cosas que parece que serán estables, una de ellas es el carácter de su gobierno, más propio de una plutocracia o república patricia que de una democracia liberal. El segundo, su interés por tejer un nuevo marco diplomático con Rusia y, el tercero, la inflación norteamericana. De su futuro gobierno, sabemos su ansiedad por redefinir a la baja el papel económico de su administración y aplicar una profunda reforma fiscal. De Rusia y su señor, Putin, conocemos su interés y necesidad por reubicar al petróleo en los valores reinantes hace dos años. Es la manera que mejor conocen para apuntalar su salida de la recesión ¿Alguien lo duda? La diplomacia rusa, un día sí y otro también, está trabajando para estabilizar Oriente Próximo. La situación actual en Siria es un ejemplo de ello. En cuanto a los precios estadounidenses, sabemos que están en subida libre, con la inflación subyacente, es decir, la cesta de la compra sin incluir energía y alimentos de temporada, creciendo por encima del dos por ciento ¿Qué es lo esperable, para este marco? Por un lado, un sobrecalentamiento de la economía norteamericana que desemboque, como no puede ser de otro modo, en mayores crecimientos de los precios. Generará inflación. Por otro, el retorno al marco energético del 2014, es decir, el barril Brent por encima de los setenta dólares y el fracking produciendo para alcanzar el tan ansiado autobastecimiento de los Estados Unidos.

Si todo esto llega a producirse, lo cual es bastante probable, veremos a la Reserva Federal profundizar con mayor rapidez en su nueva política monetaria. Es decir, las subidas de tipos superarán a las previstas en estos momentos. En este marco, lo que no podrá, o más bien no deberá, hacer Trump, es entrar en una guerra comercial con China. Si EE.UU. bloquea el ritmo exportador de Pekín y en paralelo sube con fuerza los tipos de su deuda pública y privada, solo puede ocurrir una cosa, la desestabilización financiera de China. Podría destrozar al gigante asiático y esto no es deseable de ningún modo. Pekín es hoy el tractor que mueve los precios de los metales y de las materias primas, es decir, es la fuerza que está moviendo África, el Este de Asia y América Latina. En esta vida se puede quitar un rey y poner otro, lo que no se puede es frenar al motor industrial del mundo sin tener otra fuerza tractora. El orden mundial no es uno de esos realities amañados a los que está acostumbrado Trump. Tengo claro que usted y yo lo sabemos. ¿Lo sabrá Donald?

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