La sanidad española en la Torre de Babel


Que los médicos y farmacéuticos digan que «el copago de fármacos es ineficaz» (La Voz, 11-01-17) tiene el mismo valor que si los inspectores y economistas de Hacienda dijesen que el 60 % de las resonancias y de las recetas son prescindibles. En los dos casos puede ser verdad y puede ser mentira. Y en ambos supuestos hemos escogido el peor de los caminos -que hable del tema el que menos sabe- para encontrar la salida. Por eso creo que este debate sobre los tramos del copago, que tan torpemente abrió y cerró la ministra de Sanidad, pone de manifiesto el peligro de babelización y descomposición de la sanidad española. En el tema de la sanidad estamos todos implicados, y por eso confluimos allí, con nuestra mochila particular, para ver si el río, antes de desembocar, pasa por nuestra huerta. Y en tales circunstancias el consenso tiende a cero y la demagogia a cien.

Nuestros excelentes médicos, que solo quieren el bien de la gente, deben creer que el dinero que se gasta en sanidad es genéticamente distinto del que se usa para desratizar las alcantarillas. Por eso no acaban de entender que la sanidad siempre sale del bolsillo de la gente, y que si nos ponemos pródigos en el gasto y cicateros en el ingreso, se tarda muy poco en convertir el mejor sanatorio en el peor tanatorio. También deben ignorar que con esta maniquea banalización del presupuesto, que solo controla el gasto malo pero nunca el bueno, estamos creando una burbuja sanitaria que puede ser catastrófica para los enfermos, el sistema y el Estado.

El modelo, tal como va, no es sostenible. Y el destino de un negocio en el que los gastos crecen más que los ingresos siempre es inexorable, cualquiera que sea el negocio, y sea quien sea el patrón. La inevitable reforma de la sanidad no va a venir de una hipertrofia populista del juramento hipocrático cuya factura pague el Gobierno; ni de defensores del derecho a una sanidad universal y eólica (movida por el viento). Lo que se necesita es que, mientras los médicos sanan, los expertos fiscales del Estado estudien la sostenibilidad del sistema en todos sus aspectos. Porque declarar que el copago es ineficaz y antisocial, mientras se retiran del banco 9.900.000 euros diarios -hablamos de Galicia nada más-, no es una posición ni ética ni intelectualmente honrada, salvo que vaya acompañada de un plan de financiación realista, de autor conocido y con fuentes contrastadas.

Por eso, lejos de contribuir a la algarada contra el copago, propongo estudiar el copago en sus diversas perspectivas -incluyendo la conciencia y educación en el consumo-, y sin forzar al Gobierno a remar solo y contra las corrientes de la estupidez colectiva. Y si alguien piensa que esto no es razonable, y que solo lo digo por el puro gusto de contradecir, que no pierda el tiempo. Ya me lo dijo ayer mi mujer.

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