«Cherchez la femme»


En el PP están haciendo Feng Shui del quinquenio que se viene de cerrar con las últimas elecciones generales. La ruptura con Aznar y su legado, junto a la inestabilidad de un Parlamento con la espada de Damocles de acuerdos permanentes para tener mayoría, obligan al cambio de talante y actitudes, porque hasta ahora no había costumbre de negociar. En el nuevo escenario, el Real Decreto refrendado mecánicamente por las Cortes ha dado paso a la negociación de telediario y al reparto de protagonismos.

Rajoy ha demostrado tener una capacidad camaleónica para identificarse con el paisaje y sigue fiel a su estrategia de dejar que los problemas se pudran en un cajón porque a él no le toca la enojosa tarea de hablar ni de convencer. En esta nueva etapa ha encargado de ello a dos personas que compiten entre sí por llevar la voz cantante en el equipo presidencial. Ambas son mujeres y las dos tienen sobrados méritos para gozar de su confianza.

A Soraya Sáenz de Santamaría le ha encargado lo que hace solo dos meses parecería una misión imposible: negociar con los independentistas catalanes una salida al conflicto que viene fermentando desde hace casi una década. La vicepresidenta tiene despacho en Barcelona y se mueve por el territorio de Jaume I con total desparpajo y del brazo -alternativamente- de Oriol Junqueras o Carles Puigdemont. El mero hecho de sentarse a hablar es ya un giro copernicano respecto de la situación anterior en la que prevaleció la negativa a establecer cualquier tipo de contacto y la costumbre de responder con resoluciones del Tribunal Constitucional.

A Dolores de Cospedal le ha tocado poner al día a un ministerio complicado y casposo, como es Defensa, y lidiar el primer Mihura que ha salido del toril. Su reunión con los familiares de las víctimas del Yak-42 ha sobrepasado las expectativas y parece calmar la necesidad de reconocimiento y justicia que vienen demandando desde los tiempos del finiquitado Trillo, que ayer mismo dejó la Embajada de España en Londres. Ha llegado incluso a reconocer la responsabilidad de la Administración -no quiso hablar de Gobierno- que gestionó aquella tragedia con especial desacierto. Le faltó pedir perdón, pero cada una se retrata como quiere o como puede.

En la trastienda se percibe la lucha intestina por la sucesión. Cospedal desde el partido y ahora también desde primera línea de fuego del Ejecutivo, y Sáenz de Santamaría desde la vicepresidencia y liberada de la incomodidad de ser portavoz del Gobierno, derrochan tacticismo sobre el tablero. Para el PP actual, cualquier tiempo pasado fue peor y ellas se han dado cuenta. Como ven, esta novela tiene también su intriga: cherchez la femme.

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