La independencia catalana en una España federal

Luis Moreno TRIBUNA

OPINIÓN

05 ene 2017 . Actualizado a las 09:47 h.

España es un país de textura federal. Tal calificativo no aparece en ninguna de sus disposiciones constitucionales. Empero, el caso de la «federación embozada» española ocupa la atención en los foros científicos de investigaciones y estudios internacionales. En la variopinta configuración de los Estados federales, donde vive un 40 % de la población mundial, el principio común a todo ellos es el de hacer compatible unidad y diversidad mediante el pacto político. Foedus en latín alude precisamente a eso: pacto.

El denominado Estado autonómico es un sucedáneo en la casuística federal internacional, y cuyo recorrido político natural debería haber consolidado un sistema plenamente articulado por la filosofía federalista. Ello no ha sido posible por la intransigencia de los nacionalismos centralista y periférico. La situación actual entre españolistas del «ordeno y mando» y catalanistas del «todo o nada» es desalentadora por su potencial de frustración y enfrentamiento.

¿Es posible articular una salida política entre secesionismo y unitarismo? ¿Se pueden conciliar independencia y federalismo? Por contraintuitiva que pudiera parecer, la respuesta es afirmativa considerando los diversos grados que pudieran pactarse entre lo uno y lo otro. De la misma manera que sería un brindis al sol pensar que una nación como Cataluña pueda alcanzar hoy la soberanía funcional de los viejos Estados-nación westfalianos, tampoco es plausible convenir que una nación como España pueda asfixiar los deseos de mayor autogobierno de sus territorios constituyentes.