Europa y España, ciegas


Una semana después de la victoria de Trump en las elecciones norteamericanas nadie en Europa nos ha dicho qué se va a hacer para que el fenómeno no se reproduzca a este lado del Atlántico. Tampoco en España. Debe de ser que están muy ocupados en sus estrategias electorales, pero a la vuelta de la esquina tenemos elecciones en Francia y Alemania y la cosa no pinta nada bien.

La catastrófica gestión de la crisis, que deja un sinfín de damnificados, está en el origen de la irritación que se adivina también en la mayoría de los países de la Vieja Europa. Gran parte de los ciudadanos deploran hoy el comportamiento de las élites políticas a las que comienzan a considerar como enemigas. El establishment es el objetivo a batir; ya no se soportan los comportamientos soberbios, ni los desafíos. Y eso es precisamente lo que ha llevado al mesiánico Trump a la Casa Blanca.

Y, sin embargo, España y Europa no mueven un dedo. Están paralizadas; sin reaccionar. Es más, todo parece indicar que piensan seguir con las políticas de recortes que incrementan la desigualdad y originan una cólera y un sufrimiento entre la ciudadanía que a la postre resultan incontrolables. O estos dirigentes nuestros son capaces de entender por qué ocurrió lo que ocurrió en Estados Unidos y hacer frente a los populismos mesiánicos o nos llevan directamente hacia el mayor de los desastres. Aunque ellos siempre estarán a salvo.

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