¿Final de la globalización?

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias CATEDRÁTICO DE POLÍTICA ECONÓMICA, UNIVERSIDADE DE VIGO

OPINIÓN

11 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

A caballo de un voto radicalmente negativo -aquel que más que para construir nada se expresa con el fin de dar una sonora bofetada en la cara de «las élites»-, Donald Trump alcanza la presidencia de Estados Unidos. Sus propuestas económicas plantean soluciones muy simples a problemas complejos, hablando básicamente de dos cosas: en el plano interno, bajada sustancial de impuestos; y de cara al exterior, barreras arancelarias y muros para los inmigrantes.

No es algo totalmente nuevo. En los últimos meses, en relación con el bloqueo de los acuerdos de comercio, se ha hecho más verosímil la afirmación de que ya hemos rebasado el límite de la moderna internacionalización económica, y que a partir de aquí no queda más que esperar su repliegue. El brexit dio una señal en esa dirección, pero la elección de Trump es mucho más significativa, no en vano Estados Unidos ha sido protagonista muy principal de los modernos procesos globales. Ambos hechos pueden verse como parte de un mismo fenómeno general: un levantamiento de quienes se sienten perdedores de la globalización, es decir, aquellos que ven en la fábrica china o en la piel del mexicano la causa de la caída de su renta o su pérdida de posición social.

En ese sentido, la elección de Trump sí puede significar un cambio histórico. Si sus propuestas se llevan a cabo, el nivel de proteccionismo general seguramente se disparará, porque los socios y competidores de Estados Unidos no van a dejar de aplicar represalias. Es así como siempre comenzaron las guerras comerciales y las eras de proteccionismo. En todo caso, quienes creemos que la globalización ha ido demasiado lejos, pero no en el ámbito comercial o de los movimientos migratorios, sino en el de los mercados de capital (a los que Trump y otros populistas de derecha apenas se refieren), tenemos pocos motivos de satisfacción.

En relación con todo ello, ¿representa la elección de Donald Trump el shock para la economía internacional que, según bastantes observadores, podría devolvernos muchas casillas atrás en la crisis? El tiempo lo dirá, pero es cierto que la economía no está ahora mismo para muchos experimentos: buena parte de los problemas que se hicieron visibles a partir del 2008 siguen estando con nosotros, sobre todo el principal, la gran bomba de deuda privada y pública, que pese a todos los anuncios y proclamas no deja de crecer. No es el mejor momento, desde luego, para que a lo más alto del cuadro de mandos de la economía mundial acceda un tipo tan poco fiable. Pero eso mismo hace pensar que, a la hora de la verdad, el lobo no será tan fiero como se anuncia.

Porque la pregunta decisiva es: la famosa camisa de fuerza de los mercados, que hasta ahora tanto ha estrangulado a los Gobiernos radicales de izquierda, ¿será también una fuerte restricción para un extremista de derecha en el Gobierno más poderoso del mundo, que tiene además la llave de la principal moneda de reserva internacional?