Así se las ponían a Núñez Feijoo


El rey Fernando VII, entusiasta pero pésimo jugador, ganaba siempre las partidas de billar porque sus contrincantes, que llevaban el instinto de supervivencia a flor de piel, le colocaban las bolas en la posición idónea para que no pifiase la carambola. Ahí nació el dicho «así se las ponían a Fernando VII» -«a huevo», en versión vulgar-, para significar las sumas facilidades concedidas a determinados personajes por sus adversarios.

El debate electoral de anoche me recordó aquella expresión, al menos en lo que respecta a los oponentes, porque Núñez Feijoo, a diferencia de Fernando VII, se maneja como un tahúr que no precisa concesiones ni ventaja alguna. A su favor tenía la experiencia: se enfrentaba a cuatro debutantes, ninguno -al menos mientras no demuestren lo contrario- con la musculatura política de un Touriño o un Beiras. A su favor tenía también el formato: el «todos contra Feijoo» diluye, entre la algarabía de cuatro voces heterogéneas, cualquier planteamiento coherente y alternativo al del PP. Distinto sería un cara a cara Feijoo-Leiceaga, o un vis a vis Feijoo-Villares. Tal vez en este caso asistiríamos al nacimiento de una nueva estrella en el firmamento gallego. O no.

La verdad es que soy muy escéptico sobre la eficacia y efectos de estos encorsetados debates en televisión. Suelen producir victorias y derrotas pírricas, dependiendo de quién use el termómetro. Y poco más.

¿Para qué sirvió el debate de ayer? ¿Para desmontar el balance de gestión de Feijoo, como pretendían Xoaquín Leiceaga, Luís Villares y Ana Pontón? Cuatro años de oposición deslavazada, y a veces absentista, no se suplen con dos horas de plató y una ristra de datos que el presidente niega con razón o sin ella. ¿Para presentar en sociedad, más allá del anuncio de algunas medidas electoralistas, un proyecto alternativo de Gobierno? En ninguna intervención se atisbó un discurso consistente, salvo quizá algún momento lúcido de Leiceaga en el «bloque» económico, y menos aún la base programática que justifique futuras alianzas de Gobierno. Sabemos que no quieren a Feijoo, pero aún no sabemos muy bien para qué quieren echarlo. ¿Para hacer qué?

A falta de confrontación entre dos proyectos de país, uno agotado y otro nonato, el morbo del debate reside en su incidencia sobre asuntos menores. Qué fuerza política, En Marea o PSdeG, ocupará la segunda posición. A qué profundidad caerá el BNG. Cuántos votos picoteará Ciudadanos en el granero del PP. Creo, en función de lo visto y oído -y no ha sido la totalidad del debate-, que el mapa político que dibujan las encuestas no experimentó ayer variaciones significativas. Acaso, si alguna, una ligera mejoría de las expectativas del PSdeG a costa de las mareas.

Acerca del asunto mayor, la repetición o no de la mayoría absoluta por parte del PP, tampoco hay novedad. Feijoo la tiene al alcance de la mano, porque así se las ponían a Fernando VII. Y ninguno de sus adversarios, estoy seguro, le quitó anoche el sueño.

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