Galicia: cifras y chuletas


Había que evitar ser Nixon. Nixon fue un presidente de los Estados Unidos conocido a) por el Watergate y b) por perder unas elecciones en el primer debate televisado de la historia. Sucedió en 1960 y el candidato republicano, que se recuperaba de una lesión en la rodilla, salió en antena con aspecto cansado y descuidado. Al acabar, recibió una llamada de su madre, no para darle la enhorabuena, sino para preguntarle si estaba enfermo. Un mal síntoma. Aunque Nixon se recuperó posteriormente, ese debate marcó la campaña. Ganó Kennedy. Lo demás es historia. Anoche, los candidatos gallegos tenían seguramente presente la llamada de las madres. Ninguno confesará hoy haber recibido esa llamada. Pero salieron nerviosos los candidatos, marearon y se marearon con cifras, muchas veces con cifras que son mentira. Le pones un número a una mentira y consigues que parezca una verdad como un templo. Esto, lo sabe perfectamente Luís Villares.

La previsión era todos contra Feijoo. Se cumplió al dedillo. No, el de quién lideraría el ataque al candidato del PP. Quizás porque quien más gana es quien tiene menos que perder. Ana Pontón, del BNG, partía con ese dudoso honor, concedido encuesta tras encuesta. Y fue la mejor rival de Feijoo. O sea, la peor rival para Feijoo. Un pero como una borrasca en las Azores: dibujó una Galicia en la que no sale el sol ni en agosto.

Leiceaga estuvo sobrio. Demasiado que perder, mucho por ganar. Difícil situación de equilibrio la suya. Prefirió seriedad a espectáculo: hizo un ejercicio de cifras y letras. A Villares le falló el papel. Quiso ser Beiras pero solo Beiras es Beiras. Repartió más estopa que justicia. Claro que, como recordó en su presentación, ya es un exjuez. Chirrió tratando de convencer leyendo muchas de sus intervenciones. Al final, incluso prometió «un pouco de felicidad». También tiró de chuleta la candidata de Ciudadanos, la única que dio un respiro a Feijoo: en el minuto 25 del debate ya daba por hecho que volverá a ser presidente. Estuvo ingeniosa con Pokémon, pero se pasó diez pueblos de idioma. En el debate, muy de cartón piedra, afloró la dependencia, la sanidad, la pesca, la independencia de Galicia y la leche casi en verso. Afloró la emigración y la demografía, el empleo, la corrupción de aquí y de Madrid, la educación y, claro, la mala educación. A Feijoo, lo dicen las encuestas, le bastaba con no perder los papeles. Dibujó su balance, ofreció estabilidad y recordó una y mil veces el bipartito, confiando en que los gallegos no hayan perdido la memoria. El debate, si es que fue debate, resultó como resultan casi todos: mucha expectativa... frustrada.

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