Variaciones Cela, I: «Del Miño al Bidasoa» (1948)

Adolfo Sotelo Vázquez FIRMA INVITADA

OPINIÓN

26 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

T ras una azarosa aventura editorial en la primavera de 1948, Camilo José Cela publica, en edición de Revista de Occidente, Viaje a la Alcarria. La crítica saluda al libro -que nació del viaje que el escritor realizó a finales de la primavera del 46 acompañado del fotógrafo Karl Wlasak y de Conchita Stichaner­- con aplauso unánime. Un personaje clave en las andanzas del primer Cela, Juan Aparicio (1906-1996), desde 1941 delegado nacional de la Prensa del Movimiento, quien ya había publicado unas iniciales tres entregas del viaje a la Alcarria en El Español. Semanario de la política y del espíritu en el verano del 46, decide que el joven escritor, al que viene protegiendo desde el aldabonazo de La familia de Pascual Duarte (1942), debe ser colaborador del diario vespertino que dirigía desde 1946, Pueblo, órgano de la Delegación Nacional de Sindicatos.

Aparicio consulta su decisión con CJC en julio del 48: el escritor acepta su propuesta, que no es otra que la de realizar de inmediato un viaje, financiado por Pueblo, para que dentro de la órbita de las notas de vagabundaje que Cela acaba de consolidar en Viaje a la Alcarria, ofrezca una propaganda indirecta de las residencias veraniegas de la organización sindical. La carta (11-VIII-1948) en la que Aparicio formaliza el acuerdo, le indica que «el eslogan de la campaña ha de ser algo por estilo a lo siguiente: ‘‘Cómo veranean los trabajadores españoles’’, ‘‘Gran reportaje por el novelista Camilo José Cela’’. Tendrás que conjugar paisajes, tipos, costumbres, dejando ver por debajo, que gracias al Estado de Franco y a la Organización sindical ocurre esta coyuntura de movilizar a los hombres y a las mujeres del pueblo español con ocasión de las vacaciones, conociendo mejor y pudiendo amar de esa manera a su patria».

Cela se pone en marcha de inmediato. Tiene un mes para llevarlo a cabo. El 4 de septiembre aparece en Pueblo la primera entrega; la última, que atañe al recorrido del Miño al Bidasoa, ve la luz el 20 del mismo mes (las restantes, hasta 25, con materia geográfica andaluza, finalizaron el 6 de noviembre). Son el germen del libro Del Miño al Bidasoa. Notas de vagabundaje (Barcelona, Noguer, 1952). Las crónicas de Pueblo llevan el marbete genérico de «Y así veranean los trabajadores. La vuelta a España de un novelista». En la primera justifica que se haya descalzado las botas de siete leguas: «España es un puzle de grandes y extraños países que no pueden empalmarse a pie». Por ello no se trata de un viaje de cabotaje, sino de altura, y «el viajero -escribe Cela-, contra su costumbre, no va a hacer en este viaje folklore, sino turismo».