¡Un país entero en manos de un político!


Sánchez se ha convertido definitivamente en un peligro público para su partido y para su país. En primer lugar, porque el líder del PSOE lleva más de medio año agazapado tras una tan rotunda como estéril negativa a negociar nada de nada con quien, por dos veces sucesivas, le ha vencido en elecciones, sacándole en las de junio una ventaja todavía mayor (52 diputados) que en las celebradas en diciembre. Una ventaja que, salvo cuando ha habido mayorías absolutas, es, por cierto, la mayor existente entre el primer partido y el segundo en todas las generales que han tenido lugar en España desde 1977 hasta la fecha.

Por si ello no fuera ya locura suficiente, Sánchez no solo repite su «no es no» como un disco rayado que vuelve sin cesar al punto de partida, sino que es incapaz de justificar esa posición más propia de un autómata que de un ser racional -no digamos ya de un líder responsable- con nada que no sea un desatino. El dirigente socialista, que fue el primero en asegurar públicamente que, de depender de él, no habría terceras elecciones, ofrece como única alternativa a que aquellas acaben por ser inevitables que el PP negocie con lo que ahora llama «la derecha», es decir, con los independentistas catalanes. Para hablar claro: el secretario general del partido que junto con el PP constituye la columna vertebral de la defensa del orden constitucional, hace depender que volvamos a votar el 25 de diciembre de que el PP pacte o no con una fuerza que pone para ello como condición sine qua non la celebración de un referendo para la secesión.

Toda esta concatenación de juego sucio y de dislates, peligrosísima ola sobre la que el temerario Sánchez hace surf a costa de la mejora de nuestra economía y de la tranquilidad de cuarenta millones de españoles, muestra bien a las claras que su negativa a negociar la formación de un Gobierno con quien tiene derecho a presidirlo, por la razón de que ha ganado limpiamente los comicios, solo responde ya a una patológica obsesión (proteger sus intereses personales y vengarse de Rajoy, cuya ofensa es haberle vencido en diciembre y en junio en buena lid), obsesión profundamente perniciosa, pues a ella subordina el atolondrado líder socialista los intereses particulares del PSOE y los generales del país.

Porque, hay que decirlo ya con toda claridad, lo que está en juego en España no es un enfrentamiento entre el PSOE y el PP, o entre la izquierda y la derecha, coartada esa con la que Sánchez trata de esconder su ambición política y sus miserias personales, ya su único motor. No, lo que está en juego de verdad es si un hombre, rodeado de un férreo círculo de fieles que comparten su ambición y sus miserias, pueden poner en jaque a un país entero y a todo el sistema de equilibrios del que depende el funcionamiento de nuestro sistema democrático. Lo que esté en juego es si el PSOE es algo más que la finca de un pancista que tiene su cabeza en la barriga. Y lo que está en juego es, en fin, si España se va a convertir o no, dependiendo de la voluntad de Sánchez, en hazmerreír de Europa entera.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
106 votos

¡Un país entero en manos de un político!