Amigos para siempre


El proceso de integración de Podemos en En Marea está resultando de lo más sugerente para figurar en los manuales de teoría política de lo que no se debe de hacer. Desde que se atisbó la posibilidad de ir juntos a la consulta del 25S, no hay día en que no protagonicen lo que podríamos considerar un desencuentro amoroso propio de adolescentes.

Si alguien creía que la rendición de Podemos, porque «no hay nada por encima de la unidad» como apuntó Pablo Iglesias, iba a acabar con las liortas, es que no conoce la capacidad de la izquierda de este país para poner en marcha procesos de autoliquidación. Porque, fiel al estilo de lo que es ya una tradición, las disensiones no solo se mantienen sino que se incrementan a medida que se aproximan las consultas electorales. Lo que empezó con un «non é un bo acordo» va ya en un comportamiento «antidemocrático e fascista», después de pasar por todas las fases imaginables. Y todo indica que no va a terminar ahí la cosa.

Las buenas prácticas, la educación y la cortesía no son, precisamente, signos de la actividad política en la actualidad, pero resulta inexplicable que a la hora siguiente de que dos formaciones declaren ser amigas para siempre comiencen las batallas. Van tener que recurrir al aprendizaje de la derecha, especialista en cerrar filas por mucho que vuelen las puñaladas. Sin ir más lejos, el PPdG tiene un tren de cabreados y damnificados que no va a abrir la boca. Los líos los dejan para la izquierda.

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