Sobre 25 nacionalistas en blanco


En la constitución de la Mesa y la elección de la presidencia del Congreso de los Diputados sectores del nacionalismo vasco o catalán (que hasta ahora gobiernan esos territorios) han preferido apoyar, por activa o por pasiva, el acuerdo de PP y Ciudadanos que hacerlo por una candidatura alternativa, ya fuera socialista, ya de Unidos Podemos. Lo cual no deja de ser una anomalía, si reparamos en que esas candidaturas alternativas -que no apoyaron- son las que defienden posiciones federalistas o, incluso, el derecho a decidir.

Llamo anomalía a que coincidan, en el sentido del voto, diputados de Ciudadanos o nacionalistas que, se nos venía diciendo, eran como el agua y el aceite. Unos defienden el derecho a decidir, por ejemplo en el País Vasco, y otros la homologación del cupo vasco al régimen de financiación de Cataluña (y no al revés).

Por eso, en el programa electoral de Ciudadanos dice: «Se recalculará de manera razonable la contribución vasca y navarra a la Hacienda estatal para evitar desigualdades en el acceso de los ciudadanos a los servicios». Y por eso en el del PNV dice «afirmando el derecho y la capacidad del pueblo vasco a decidir libre y democráticamente su propio futuro, con una presencia clara en Europa y en el mundo».

¿Qué habrá pasado para que nacionalistas vascos y catalanes prefieran darle cuerda a la pequeña coalición del PP y Ciudadanos frente a la alternativa de PSOE y UP?

Se podría zanjar el asunto sosteniendo que los primeros es claro que no quieren perder el Gobierno, mientras que los segundos, sobre todo el PSOE, no quieren llegar a un Gobierno con Podemos. Pero hay algo más de fondo. Ese algo más es justo el que viene jaleando estos días Pedro Sánchez: animando al PP a buscar apoyos entre fuerzas políticas de derechas. Y la cosa parece que funciona.

Porque tanto el nacionalismo vasco como el catalán están viéndole las orejas al lobo de Unidos Podemos: que ya es la fuerza más votada en ambos territorios a costa de los retrocesos generalizados en los partidos tradicionales (salvo ERC). Unidos Podemos bien podría llegar a descabalgar al PNV del Gobierno vasco en las próximas autonómicas y bien podría hacer necesarios apoyos con la derecha española para seguir al mando de aquellas dos autonomías. Hoy por ti, mañana por mí. No es poca cosa lo que está en juego. Podría tratarse de un repliegue táctico en la reclamación del derecho a decidir. Porque es obvio que -llegados al punto en el que estamos- es prioritario no perder el Gobierno autonómico ante una avalancha izquierdista.

Y como quiera que ni el PP ni el PSOE amenazan aquella hegemonía en Cataluña o el País Vasco, parece una muy buena inversión de futuro hacer lo que a uno le gusta y al otro no parece disgustar. Miel sobre hojuelas. Lo que se dice buen rollo entre patriotismo constitucional y derecho a decidir. Y todo gracias a la amenaza de la gran marea -catalana y vasca- de Unidos Podemos.

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