Ignorancia deliberada


A Lionel Messi lo trincaron por regatearle 4,1 millones a Hacienda. Entre su papá y los abogados le marcaron un gol por la escuadra con devolución incluida. El rosarino es el mejor sobre el césped, pero para los magistrados deja mucho que desear como ciudadano. Nada nuevo, las grandes estrellas del fútbol suelen ser solo eso. Su gloria en el campo es como los fuegos de artificio, pura idolatría en la era de los smartphones. Reyezuelos en tronos de viento. Los magistrados lo condenan por «ignorancia deliberada», un mal que se puede extender como el fuego en un pajar y que cuando se generaliza lleva a los pueblos al naufragio. La historia está cargada de desconocimientos evitables. Si uno se deja llevar por el Memorial que Peter Eisenman dedicó al Holocausto, a unos pasos de la puerta de Brandeburgo (Berlín), los 2.711 bloques de hormigón producen la sensación de ahogamiento en una especie de ceniza gris. Como si la crueldad amamantada por la ignorancia deliberada de tanta gente que no quiso saber flotase entre aquellas hileras muertas. Es como caminar por un bosque incendiado o como si el peso del pasado cayese de golpe sobre uno. La indiferencia culpable acaba poniendo a la gente de auriga de monstruos que asolaron Europa, y que empiezan a asomar de nuevo la cabeza y a salir de sus guaridas. No obstante, lo de Messi se queda en una pillería chapuza del mayor contribuyente del 2013. ¿Dónde irá el dinero de los otros? La Justicia tiene dos caras. Otras ignorancias deliberadas son obviadas por la Abogacía del Estado. Como diría Víctor del Árbol, así se van dibujando espejismos perfectos. Una especie de niebla cargada de miseria moral que distorsiona la visión de las cosas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos

Ignorancia deliberada