Faluya, la nueva Numancia


Antes del 2004, pocos la conocían. Si en las clases de geografía de Irak se mencionaba de manera escasa la provincia occidental de Al Anbar y su capital, Ramadi, la segunda ciudad de la misma, Faluya, pasaba prácticamente inadvertida. Faluya era una ciudad pacífica y religiosa que, sin embargo, saltó a los medios de comunicación cuando, tras la muerte y después linchamiento de los cadáveres de cuatro contratistas de la compañía norteamericana Blackwater, el Ejército de ese país llevó a cabo una operación de limpieza.

Calificada como la batalla más dura tras la de Vietnam, los soldados tuvieron que despejar casa por casa hasta eliminar a todos los insurgentes. De resultas, 200.000 habitantes de la ciudad huyeron, convirtiéndose en desplazados internos dentro de Irak, y los que permanecieron en la ciudad se convirtieron en víctimas tanto de los insurgentes como de las tropas norteamericanas, que incluso llegaron a utilizar fósforo blanco contra ellos.

Transcurrido el tiempo, la memoria de las masacres, el creciente ostracismo y la falta de oportunidades profesionales de una ciudad de mayoría suní en un país con un Gobierno chií la convirtieron en el caldo de cultivo ideal para un nuevo huésped: el Estado Islámico.

Estos días, doce años después de la última gran batalla de Faluya, se lleva a cabo una campaña de liberación que presagia ser aún más dura y lenta que aquellas. Con decenas de miles de rehenes civiles y la ciudad minada, las centenas de fanáticos del Estado Islámico lucharán casa por casa hasta la última gota de sangre por conservar uno de sus tres grandes bastiones junto con Mosul y Raqa.

Conscientes de que su fin está cerca, Faluya es su nueva Numancia antes de la derrota final.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos

Faluya, la nueva Numancia