Cien años y un día, CJC


Ayer hubieras cumplido cien años. Hoy, cien y un día. Te han recordado. Pero no como mereces. Porque para recordar a un escritor hay que hacerlo también fuera de los ritos y liturgias. A los escritores se los homenajea leyéndolos. Quisiera saber en cuántos institutos de Galicia te leen. En cuántas universidades te dedican el espacio que mereces. No solo en las facultades de Letras. He dicho muchas veces que uno no puede licenciarse en Medicina, Económicas o Informática sin tener un acervo cultural humanístico relevante. Mis palabras siempre han caído en saco roto. A quién le importa en este mundo de mercancías y mercaderes la literatura. Importa el beneficio, poco más. Así conocemos mucha gente popular que no lee un libro en todo el año, como la mayoría de los políticos. Se ha puesto el mundo patas arriba: solo hay un valor, Camilo José Cela, el dinero. Lo demás no importa. Quizá por eso me he puesto hoy a escribirte otra vez. A gritar en el desierto que si este fuese un país que en realidad tuviese en cuenta a sus genios, que son los que en verdad elevan el rango de las naciones, a ti te tratarían de otra manera. Hasta te han ocultado, algunos. Amedrentados ante la dictadura de lo políticamente correcto. No eres ni Lorca, ni Neruda, ni militaste en ninguna marea, a no ser la de la literatura alta. Eras de derechas, como Cunqueiro. He aquí tu pecado. Por eso ayer alguna de esas ratas que pululan en las redes sociales te despreciaba. Por eso algunos te minorizan. Ay, si fueses catalán, maestro. Premio Nobel y catalán. Poco les importaría que escribieses en castellano. Presumirían de ti a cada instante. Aquí, hasta te esconden. Qué país de cobardes, Galicia.

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