Mirar más allá de las vacas


Hace tres años, un amigo que, entre otras cosas, se dedica a vender piensos en la montaña lucense me comentó que las cosas no iban bien en el campo. Cuando le pregunté la razón, me contó que en las décadas que llevaba vendiendo siempre le habían pagado puntualmente, pero que en los últimos años cada vez más ganaderos no podían pagarle. Él, en la medida de sus posibilidades, seguía suministrándoles pienso a cuenta. «Como vou cortarlle o suministro despois de máis de vinte anos», decía, pero su situación económica empezaba a resentirse.

He recordado sus palabras al leer la semana pasada las noticias sobre las vacas muertas, o en estado lamentable, aparecidas en distintas explotaciones ganaderas gallegas. Según lo publicado, en uno de los casos el ganadero tenía dificultades de movimiento fruto de un accidente con el tractor, pero en todos los casos las explotaciones atravesaban graves dificultades económicas. Por espeluznantes que hayan sido las imágenes publicadas, y sin ánimo de minimizar el horror, deberíamos mirar más allá de las vacas.

En contra de lo que han afirmado algunos políticos, lo ocurrido muestra, además de la soledad y el envejecimiento presente en el medio rural, las dificultades económicas de nuestras explotaciones y el abandono del sector primario por parte de la Administración. Nos muestra, también, el alejamiento de la población urbana del mundo rural, que se escandaliza, con razón, de lo ocurrido, pero ignora lo que le está sucediendo a nuestros paisanos y a nuestras aldeas: una lenta extinción.

Nadie que haya trabajado, y vivido, con sus vacas las maltrata o las deja morir si algo muy grave no está ocurriendo. Es verdad que hubieran podido pedir ayuda, para ellos y para el ganado, pero ese fracaso vital debe tener un efecto demoledor para quienes han trabajado toda la vida con el ganado. De hecho, uno de ellos pensó en suicidarse para que nadie conociera su situación. No pretendo justificar lo ocurrido, simplemente entenderlo, porque no me cabe duda de que si no actuamos, volverá a ocurrir.

Con el litro de leche por debajo de treinta céntimos, el precio de los piensos y los gastos corrientes de las explotaciones, debe resultar bastante difícil sobrevivir. No sé si con un precio justo para la leche hubiera ocurrido lo mismo, pero es legítimo preguntarlo. Por lo demás, no estaría de más revisar el papel de los servicios sociales, en uno de los casos, y de los servicios de saneamiento del ganado, en todos ellos.

Volviendo al principio, mi amigo de O Incio me dijo: «O día que deixe de fiarlles o pienso, as vacas van morrer de fame nas granxas». Lo recuerdo perfectamente porque me pareció una afirmación exagerada. Pero, pasado el tiempo, tengo que reconocer que él ya miraba más allá de las vacas.

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