Solo nos faltaba el chantaje


Da asco lo que está ocurriendo en la ética de este país. Y ya no pienso en los papeles de Panamá ni en esas historias. Hoy pienso en el descaro de la familia Conde, que consiguió no pagar a Hacienda cantidades millonarias porque se declaró insolvente, mientras cientos de profesionales son perseguidos por el fisco hasta el punto de dejarlos en la ruina. Pienso en ese alcalde de Granada que asegura que no sabe de qué lo acusan. Tiene todo el derecho a la presunción de inocencia, pero le está causando un gran daño al Partido Popular y contribuye a la inestabilidad política. Y pienso, especialmente hoy, en las graves acusaciones que se han hecho a Manos Limpias y a Ausbanc. La primera ha sido la gran denunciadora de corrupciones. La segunda, el azote de los bancos, y resulta, según las investigaciones policiales, que practicaron la extorsión como medio de supervivencia económica.

La información que ha levantado El Confidencial, al parecer sobre datos investigados por la UDEF, es escalofriante: Manos Limpias y Ausbanc presionaron a los bancos para que les pagaran tres millones de euros a cambio de retirar la acusación contra la infanta Cristina en el caso Nóos. Otras fuentes señalan que Manos Limpias intentó implicar en el caso a un directivo del BBVA para retirar después la acusación, se supone que para cobrar el favor. Y en cuanto a Ausbanc, se publica que en la investigación que ya está en la Audiencia Nacional aparece que esta asociación exige a los bancos 400.000 euros anuales por no publicar sus miserias y abusos. El rumor señala varios casos de extorsión habitual en algunos medios de Internet.

¿Sabemos lo que significa esto? Si es cierto, significa que los métodos mafiosos se han incorporado a la costumbre de las relaciones cuando hay dinero por medio. Pero lo más sorprendente es que esas prácticas -insisto, si son ciertas- se rumorean desde hace mucho tiempo y nunca se hizo nada por impedirlas. Si un directivo del BBVA o de cualquier banco fue extorsionado, ¿cómo no lo denunció en su momento? ¿Por qué se presiona a la banca por una infanta cuyo único vínculo bancario conocido es su trabajo en la Fundación La Caixa? ¿Y por qué los bancos extorsionados no acudieron a la fiscalía cuando se puso precio a la acusación particular contra doña Cristina? Lo primero que se le ocurre pensar a cualquiera es que la banca tiene mucho que ocultar y no quiere provocar a los chantajistas. Y lo segundo, que hay vínculos entre el poder político y el poder financiero que esos chantajistas conocen. Estamos al principio de una historia fea, confusa y de incierta comprobación. Pero es otro capítulo para añadir a la lista de cosas que dan asco en este país.

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