Una quimera


Han tenido que pasar más de cien días y un fallido intento de investidura para que quienes se supone que aspiran a formar Gobierno se sienten cara a cara a negociar. Una muestra evidente del disparate en que se ha convertido un proceso poselectoral minado de vetos y en el que cada paso que se da es solo para constatar diferencias. Más allá del pacto PSOE-Ciudadanos, que visto lo visto no pasa de ser un acuerdo desesperado para sacar la cabeza del agujero, lo único que se ha oído en más de cien días son descalificaciones, desprecios mutuos y ataques furibundos, cuando no barriobajeros. En la práctica, y en verdad, no ha habido un solo acercamiento. Ni un milímetro. Y, sin embargo, se sigue hablando de un diálogo que nunca ha existido. Los partidos viven en una realidad paralela y pretenden hacernos creer en ella. Como si fuéramos tontos. Los ciudadanos pueden entender que no siempre se consigue lo que se pretende, cuando se intenta honestamente. Lo que no perdonan es el engaño con alevosía. No está claro si el PSOE es como el amante abandonado que se aferra a su ilusión frente a los embates de la realidad o si es más bien como el perro del hortelano. Se puede comprender que durante un tiempo viva en la quimera del abrazo imposible entre Rivera e Iglesias. Pero una vez despertado del sueño, deberá optar entre los escenarios realmente posibles. Así es la vida.

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