Por la reconciliación de Europa y el islam


Presidente de la Fundación Araguaney-Puente de Culturas

Mientras la barbarie sacude Bruselas, París o Madrid, Bagdad y Lahore, no se olvida de Estambul, Ankara o Damasco. Si se trata de cifras, los musulmanes y árabes aportan un 95 % de las víctimas. Pero cuando el terrorismo mal llamado islámico ataca el corazón de Europa, los únicos cadáveres que tienen derecho a llorarse con intensidad mediática son los de la docta, erudita y coherente Europa.

La opinión perfectamente articulada por los mass media, empecinados en ofrecer una visión sesgada de este conflicto, hace que identifiquemos musulmán con radical. El miedo es el germen de casi todos los males, pero de la capacidad analítica del ser humano depende el fin de esta violencia, que actúa en nombre de un Dios que no los reconoce, no los ampara y mucho menos perdona. En su nombre, no.

Moscas a cañonazos, si me permiten la licencia. La decisión de Bruselas de bombardear no es la solución, sino el parche. Venganza, y no justicia. Es darle alas al Estado Islámico legitimándolo como víctima, ya que, sin duda, morirán inocentes, cuyo único pecado ha sido nacer en el sitio equivocado, con pobreza heredada y bajo el yugo del EI, asesinos forjados en la anarquía surgida tras la caída de las dictaduras laicas de Irak, hoy Siria.

Pero no nos llamemos a engaño, este grupo de fanáticos, perfectamente organizados, no es fruto de la casualidad, sino de la causalidad: Israel, los países del Golfo Pérsico y Arabia Saudí con su inyección de petrodólares, quién sino ellos son responsables. Y tiene que saberse quién paga y quién recibe. Quién apoya y quién sustenta. Y en medio de esta desorientación, jóvenes musulmanes que ya han nacido en Europa, espectadores de la vida cómoda de la ciudadanía de primera clase, viven hacinados en barrios enervados, en los que la miseria y la ignorancia son caldo de cultivo para la radicalización. Estos muchachos sueñan con vengar a los que los tratan como esclavos, marcando diferencias. Ahí es donde gana el Estado Islámico, ya que adiestra a estos jóvenes vulnerables, prometiéndoles paraísos inventados, haciendo que se olviden de que unirse al EI es la muerte segura. Víctimas y verdugos unidos por el mismo final, desgarradora paradoja. Europa debe afrontar su memoria histórica y cerrar este capítulo con una verdadera reconciliación.

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