Consecuencias de ser Feijoo


Las fotografías tienen la extraña peculiaridad de no incluir palabras. Unas veces es un defecto, pero otras es una virtud, porque existe la posibilidad de añadirles diálogos a voluntad. Se le puede decir al lector, por ejemplo, que esta imagen tomada ayer en la inauguración de una exposición sobre moda en Santiago recoge el instante en el que el presidente de la Xunta confía a tres jóvenes la decisión que ha tomado. A cambio, claro, de que no se la cuenten a nadie. A estas alturas, Feijoo ya ha valorado las consecuencias, las buenas, las regulares y las malas, de seguir siendo Feijoo. Ya tomó su decisión, pero se la reserva, porque muchas veces es más importante el tiempo en el que se emite el mensaje que el propio contenido del mensaje. Anuncios prematuros han arruinado carreras políticas. También los muy tardíos. De ahí la importancia del manejo del reloj, en especial cuando los tiempos son convulsos. En el PP, la inquietud se ha traducido en que nombres como el de Pedro Puy suenen como hipotético recambio. Feijoo no debería tardar en anunciar su ser o no ser mucho más tiempo. El ser o no ser de Galicia tiene que pasar ya a ser la más importante, la única, cuestión.

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