Entre lo nacional y lo social: ¿qué arreglamos antes?


Cuando se plantea la fragmentación de lo que sea nuestro país y esa división, aun siendo liderada por partidos políticos de derechas, se asume por otros que se consideran de izquierdas, es conveniente interrogarse por las razones de fondo de que tal cosa suceda.

No es casual que tales procesos se concreten en nacionalidades más ricas dentro de sus Estados (Escocia o Cataluña). Sucede que ante la crisis fiscal de los grandes Estados -de bienestar- que provocó la última globalización, grupos económicos regionales medianos con un mercado (para sus productos o sus medios de producción) más local, ven en la formación de un Estado propio la posibilidad de salvaguardar la cohesión social interna; sin duda a costa de empeorar la del Estado al que pertenecían. La actual Generalitat promete que -si «España nos asfixia»- un Estado de bienestar Catalán podría mejorar los compromisos con su pueblo.

Así se explica que partidos como ERC o la CUP se sumen a un tal proyecto de Estado propio e independencia fiscal, pero también que aquellos que cristalizaban la vieja cohesión social en el ámbito español (como el PSC-PSOE) sufran una hecatombe de desafectos en sus filas.

Es este un proceso que, coincidiendo con la sustitución de la peseta por el euro, se vio ampliamente retroalimentado. Primero porque hizo visible para esos grupos regionales que sus mercados de proximidad pueden dejar de ser el resto de España y serlo cada vez más el resto de Europa y, segundo, porque toman buena nota de que sus referentes (los más ricos en ese mercado europeo) no asumen sino muy escasas obligaciones de cohesión social a cambio de su hegemonía en un tal mercado.

Dicho sencillamente: ¿por qué Alemania paga con apenas un 1 % de su PIB su lugar en el mercado europeo, mientras Cataluña tiene que pagar un 7 % por su lugar en el mercado español? Ese diferencial del 6 % es el que allí les permite mantener una cohesión social alemana de primera división? ¿Por qué no poder emular dentro de Cataluña ese modelo? Añádase, por si fuera poco, que ya sucede dentro de España que una nacionalidad -el País Vasco- goza de un tal encaje fiscal; lo que le permite ser la más rica de España.

Como vemos, esas tendencias de fondo (de la globalización) y de contexto (europeo) alimentan que aflore una solución nacionalista al problema social en regiones ricas, una solución compartida por la derecha y la izquierda en esos territorios. Una tal solución nacionalista al problema social interno que tiene repercusiones sociales de envergadura en el resto del Estado. Por ejemplo, condicionando la conformación de un Gobierno tras las últimas elecciones generales (Continuará).

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Entre lo nacional y lo social: ¿qué arreglamos antes?