La hucha demográfica de Galicia se vacía


La pirámide de población de Galicia tiene forma de hucha. Y la hucha se está vaciando por el déficit de oportunidades y la frustración de expectativas. Tres son los grandes tramos de la pirámide y tres son las principales causas que le dan esa forma.

En primer lugar, la pirámide se estrecha por la base debido al desajuste entre el deseo de ser madre y las condiciones reales para serlo. La natalidad disminuye porque las generaciones femeninas van menguando. Y queda claro que menos mujeres, si nada varía, dan lugar a menos nacimientos. Pero la fecundidad también se reduce porque las madres que quieren tener más de un hijo no encuentran apoyo público para su buena cría. En el fondo, lo que aparece es el cambio de expectativas. Porque las mujeres que centran su vida en el hogar son ya una minoría. En Galicia menos del 10 % frente a más de un tercio que orientan su vida al trabajo. El remedio reside en apoyar a la mayoría de las mujeres. Puesto que más de la mitad de las madres potenciales lo que quieren es que el trabajo sea compatible con la familia. Y eso se consigue ofertando guarderías, asegurando que a la maternidad no le siga un despido laboral y revolucionando las conductas masculinas en el hogar.

La segunda mordida a la pirámide gallega se produce en las edades activas. Esa muesca se agudiza por la evolución de las migraciones. Pues existe un vacío entre los 25 y los 35 años, porque son más los que se marchan que los que vuelven. Se van los jóvenes españoles y también los extranjeros y, como resultado, la hucha se vacía en su porción más laboriosa y creativa. La consecuencia es que la población laboral envejece. Pero los empleos, a diferencia de los kilómetros cuadrados de un país, pueden crecer si la actividad económica se orienta hacia el reparto y no se rige por la codicia.

Por último, la pirámide de población se ensancha por la parte de arriba. Y debe quedar claro que eso es una buena noticia. Dado que la cantidad de personas mayores aumenta porque se prolonga la vida. Pero para seguir alargando la vida nos conviene modificar este tipo de jubilación que nos guillotina.

En otras palabras, se trata de pasar del trabajo al ocio no de un día para el otro, sino de un modo paulatino, según los deseos y las capacidades. Y donde las pensiones vayan creciendo con la edad de la persona y con su pérdida de autonomía. Un tránsito más racional y flexible que beneficiará a la salud de los jubilados y también a la de la economía.

Antonio Izquierdo Escribano es Catedrático de Sociología de la Universidade da Coruña

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