Pedro Sánchez: si sale con barba, san Antón


¿S e puede ser presidente del Gobierno sin fijar posición política sobre nada? Pedro Sánchez cree que sí. Y en ello está. Por eso ayer, cuando le preguntaron su opinión sobre el encarcelamiento de los titiriteros, artistas satíricos y mártires de la libertad de expresión para unos y enaltecedores del terrorismo para otros, él optó una vez más por el paso palabra. A nadie debe extrañarle, porque esa es la marca de un político que confunde centralidad con falta de principios y capacidad de diálogo con renuncia a un discurso propio. El aspirante a presidente es el rey del sí pero no, el depende y el amoldarse a lo que toque. Para hacerse una idea, basta constatar que defiende con orgullo su disposición a gobernar con Ciudadanos como único socio pero también a hacerlo alternativamente en coalición con Podemos. Es decir, que lo mismo le da encabezar un Ejecutivo cuyos objetivos serían la defensa de la unidad de España, el combate feroz al independentismo y una política económica netamente liberal, que conformar un Gobierno cuyas prioridades serían abrir la puerta a la destrucción de España como nación mediante el derecho a decidir de Cataluña y País Vasco y aplicar un programa económico más propio de países bolivarianos que de la Unión Europea.

¿Qué proyecto para España tiene un hombre al que lo mismo le da carne que pescado, izquierda o derecha, jacobinismo o plurinacionalidad, con tal de acabar viviendo en la Moncloa? El modelo de Gobierno que Sánchez les está ofreciendo a los españoles se resume por ahora en esta frase: si sale con barbas, san Antón; y si no, la Purísima Concepción. Esa abyección política que supone el estar dispuesto a gobernar con quien más te pague o sirva, adaptando la ideología a lo que toque, es propia de minorías con aspiración de bisagra, y no de fuerzas con vocación mayoritaria y transformadora.

Pero a Sánchez no le arredra nada en pos del destino presidencial para el que se considera elegido pese a disponer solo de 90 escaños. Como Pablo Iglesias ya le ha dicho, por una vez con toda lógica, que escoja entre él o el tándem Rajoy-Rivera, porque negociar simultáneamente dos gobiernos no solo alternativos sino antagónicos es un contradiós impresentable que no se le ocurre ni al que asó la manteca. La genialidad del estratega socialista es ahora tratar de gobernar en alianza con Ciudadanos, con solo 130 escaños entre ambos, gracias a la abstención del PP. Es decir, que no solo pretende que quien ha quedado primero en las elecciones deje gobernar gratuitamente al segundo en coalición con el tercero, sino también que aquel que le ha sacado 33 escaños de ventaja al PSOE y 83 a Ciudadanos garantice durante toda la legislatura la estabilidad del Gobierno de sus adversarios.

La estrategia es tan ridícula y surrealista, que lleva camino de no sumar en la investidura un solo voto a los 90 que le dará el PSOE. Y eso, teniendo en cuenta que un gran número de socialistas solo lo avalarán tapándose la nariz y por imperativo legal.

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