La estabilidad necesaria


El espectáculo que están ofreciendo nuestros líderes políticos creo que está empezando a dejar de ser ejemplar o modélico (si es que lo fue alguna vez después de las elecciones), para pasar a ser cansino, aburrido y poco edificante. Sé que todos los votantes son respetables por definición, pero lamentablemente no se puede decir lo mismo de los votados, que, cada vez con mayor descaro, dejan ver sus intereses propios, partidistas e incluso personales

Quizá la estabilidad debiera ser el gran objetivo de un acuerdo final, pero ¿dónde están los mimbres para construir ese cesto? Yo no los veo. Todos sabemos que la suma de Partido Popular, PSOE y Ciudadanos supone una auténtica mayoría social y política que podría generar esa estabilidad tan anhelada. ¿Qué se opone a ella? Quiero pensar que es algo más que el simple hecho de que esto no le garantiza la presidencia del Gobierno a Pedro Sánchez.

Y por ello mismo también quiero pensar que el afán del líder socialista por explorar un acuerdo con Podemos, nacionalistas, independentistas y otros sumandos tiene algún propósito integrador, en cuyo éxito yo no acabo de creer, quizá por mis limitaciones o por mi falta de fe o de imaginación. Asimismo, me parecen preocupantes los mensajes que se lanzan y, a veces incluso más, los que ocultan.

Ya sé que las elecciones son de ámbito nacional, pero ¿dónde están las referencias europeístas de nuestros partidos? ¿Dónde nuestra voluntad de contribuir a modelar una Unión Europea integradora, solidaria, estimulante y, sobre todo, eficaz?

Entiendo que hablemos de nuestros problemas y de nuestras soluciones, pero ¿puede hacerse sin tener en cuenta el contexto europeo que obviamente nos condiciona y nos concierne y en el que, en su día, nos integramos libre y democráticamente, con una gran ilusión histórica? Quiero pensar que este sueño cumplido no ha empezado a declinar.

La presencia populista, ultraconservadora en Francia y de la izquierda radical en España, no parece una explicación suficiente para perder los equilibrios. Hay lugar para todos en la democracia y, si Sánchez se sale con la suya, puede que también en el Gobierno.

Pero yo aún no puedo creer que esto sea lo mejor para nuestra estabilidad.

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