El hombre detrás de la máscara


«Esto no es serio», dijo el presidente Rajoy cuando supo que la llamada era una broma y que el Puigdemont con quien acababa de hablar era un imitador. Efectivamente, no era serio. Sin embargo, fue la entrevista en que mejor quedó. Quedó como un hombre que no rechaza el diálogo con un independentista como Puigdemont, que está dispuesto a llamar él y que lleva con pasmosa tranquilidad la espera del lado que caerá la moneda de la investidura. Muchos habrán descubierto a un Rajoy que no conocían: un ciudadano accesible, que recuerda a las personas a las que saludó una vez, que habla llanamente de los problemas y que no se cabrea ante una broma. No como Fidel Castro, al que engañaron con una llamada de Hugo Chávez y cuando supo que era falsa se puso a insultar al entrevistador. «Mariconsón», creo recordar que le llamó.

Hay gente que se escandaliza ante estas gamberradas radiofónicas. A mí me parecen una muestra de osadía, frívola y poco respetuosa, pero ingeniosa. Que el personaje quede bien o mal es asunto suyo o del día que tenga. Rajoy dijo un 12 de octubre que tenía que ir al «coñazo del desfile», y el desfile era el de las Fuerzas Amadas el día de la Fiesta Nacional. Cuando habló con el falso Puigdemont le debió faltar una décima para decir «el coñazo de las consultas» que está efectuando el rey. No le salió, quizá por falta de confianza con Puigdemont, y se libró del diluvio universal.

Anotaciones políticas. Es preocupante la diferencia entre el gobernante que habla en rueda de prensa y el que habla en privado. El Rajoy de micrófonos y cámaras delante parece despectivo con el Gobierno catalán. El de la conversación telefónica es todo lo contrario: un presidente que quiere comunicarse, que considera que ha llegado el momento de sentarse y que está dispuesto a llamar él mismo el próximo lunes, en cuanto pase el ceremonial de las consultas reales. ¿Nadie le dice que hubiera sido mejor el clima con Cataluña si esta última hubiera sido siempre su actitud? ¿Por qué se aumenta la crispación con unas palabras? ¿Será porque lo demanda su electorado?

Y resulta intrigante su agenda. «Tengo la agenda muy libre», al revés que en la campaña electoral, que no tenía una hora para acudir a un debate. ¡Qué serenidad de ánimo! Está media España preguntando qué hace Rajoy para conservar la presidencia. Está la otra media reprochándole que no se mueve, mientras la izquierda se agita con la idea de tomar el poder. Y él, tan pancho, mirando el panorama y haciendo la gran confesión: tampoco sabe cómo va a terminar esto. No se mueve porque quizá está esperando ver pasar el cadáver de su enemigo y tiene su mente en nuevas elecciones. Es una teoría, no una explicación.

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El hombre detrás de la máscara