Cataluña y el momento político español


A los políticos catalanes hay que reconocerles dos cualidades. Una, su incapacidad temporal para lograr un acuerdo para la gobernación de la comunidad. Y otra, su tenacidad para intentarlo. A los tres meses consumidos en la negociación por un quítame allá un Artur Mas, hay que añadir la nueva reunión de hoy, que ya no sabemos si es para entretener al personal, para demostrar buena voluntad o para cargarse de motivos para convocar elecciones.

Sí, señores: aunque parezca increíble después de todas las votaciones, después del rechazo solemne de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) a la investidura de Mas y después del carpetazo del mismo Mas, la célebre CUP y Juntos por el Sí vuelven a hablar hoy. Dicho en palabras del presidente catalán, continúan la subasta. Son inasequibles al desaliento. A la coalición mayoritaria no le importa que con la CUP «no llegaremos ni a la vuelta de la esquina», con tal de no correr los riesgos que suponen las urnas.

¿Y por qué le tienen tanto miedo a repetir elecciones? Ay, amigos: porque pueden repetirse los resultados, que es lo que suele pasar; porque puede haber una abstención histórica, porque el paisanaje empieza a estar harto de politiqueos; y porque puede ocurrir que el nacionalismo tradicional (hoy independentismo declarado) se encuentre con la sorpresa de la pérdida de seguidores. No es probable, los partidos que defienden la unidad de España no disfrutan de la mejor salud, pero esos riesgos existen. Lo que salió de las urnas del 27 de septiembre no vale como referendo, pero les da los escaños suficientes como para echar a andar por la senda de la desconexión.

¿Y por qué Rajoy piensa que las elecciones son la mejor o la única solución? Probablemente, porque teme justo lo contrario: que el independentismo se haga fuerte en el momento menos oportuno, cuando el Gobierno de la nación está en funciones, no hay mayoría parlamentaria para constituir un gabinete fuerte y se carece, por tanto, de otra fortaleza política para afrontar un golpe soberanista que no sea la muy traumática aplicación sin red del artículo 155 de la Constitución. El Partido Popular de Cataluña no tiene ninguna posibilidad de hacer frente al soberanismo, pero un retraso del procès, sobre todo si es producido por un lío político interno de Cataluña, da un respiro a los gobernantes estatales.

Esos son los sutiles, Dios quiera que no dramáticos, juegos que nos sirve el vodevil catalán y sus derivados. Si me detengo en ellos es para que no suceda lo habitual: que, entretenidos en las maniobras de poder y los personalismos de la política, olvidemos la cuestión de fondo, y la cuestión de fondo es que sigue planteada la separación. Y los sediciosos saben que esta es su gran oportunidad.

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