Inestabilidad, riesgo y oportunidad


La política española va hacia un escenario en el que la capacidad de alcanzar acuerdos marcará el grado de estabilidad institucional y la propia duración de una legislatura (que en todo caso no podrá ser muy larga.) El resultado electoral muestra -como ya ha ocurrido en otros países- que las reformas económicas que se quieren imponer por la vía del trágala se hacen insostenibles desde el punto de vista político, y ello acaba volviéndose en algún momento contra la propia economía.

Y eso será más marcado cuando se acabe por demostrar que algunas de esas políticas económicas -el ejemplo obvio y fundamental es la consolidación fiscal a ultranza- estaban equivocadas.

¿Cómo influirá esta nueva situación sobre la marcha de la economía? Pues de un modo, digamos, problemático. Porque la inestabilidad política suele ser una rémora para las posibilidades de crecimiento de cualquier economía, al reforzar la incertidumbre, pero lo es mucho más cuando se produce en un entorno turbio, en el que graves problemas de fondo siguen estando latentes.

Y esta es la situación de la economía española ahora mismo. Porque una vez que la fanfarria electoral se ha apagado, emergen sin disimulo las sombras que están detrás de la expansión reciente. No solo los impactos distributivos tan volcados hacia la desigualdad -un determinante fundamental del malestar social ahora puesto de manifiesto-, sino también las posibilidades de que el crecimiento se mantenga en una perspectiva de lago plazo.

Pero aunque cueste verlo, en esos resultados hay también una oportunidad para el cambio de rumbo. No será fácil en ningún caso, pero es imprescindible que el nuevo gobierno español -el que finalmente resulte- contribuya decisivamente a una reorientación en la política europea, para lo que ya no faltan aliados en todo el sur del continente.

Empeñado en pegarse a la señora Merkel, el Gobierno de Mariano Rajoy se hizo directo corresponsable de la situación de deterioro: eso es algo de gran trascendencia que podría y debiera cambiar en los próximos meses. El viento de cola generado por la actuación reciente del Banco Central Europeo está muy bien, y hay bastantes garantías de que se mantendrá al menos hasta el 2017, pero hace falta bastante más: un gran programa de inversión productiva, una nueva mirada de política fiscal más activa y empleada con sentido contracíclico, una prioridad en la educación y el cambio técnico. El nuevo Gobierno español debiera trabajar por ello.

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Inestabilidad, riesgo y oportunidad