La multiplicación de los ciudadanos medianos


El primero en tomar buena nota de la obsolescencia del bipartidismo giratorio (de PP y PSOE con bisagras nacionalistas vascas y/o catalanas), a raíz de las convulsiones sociales provocadas por la crisis financiera e inmobiliaria española fue Pablo Iglesias. Para hacerlo, tuvo que desmarcarse de una posición de izquierda clásica y en vez de pretender liderar a los trabajadores (la posición Novecento de Alberto Garzón) propuso un relato de los de abajo contra los de arriba (a lo Juego de tronos).

Al hacerlo acertaba, al menos, en dos cosas. Por un lado, en que -ya desde los años ochenta- amplios sectores de trabajadores se consideraban a sí mismos clases medias y se habían instalado (junto a las direcciones sindicales) en un consumismo conformista; mientras, por otro, en buena medida las direcciones de los partidos de izquierda se habían acomodado al establishment. Los de arriba: los black Caja Madrid.

En esas condiciones, se hacía necesario dar un golpe en el tablero para construir una herramienta política (Podemos) que ofreciese una alternativa de ruptura a amplios sectores de indignados con tal corrupción y claudicación. Los de abajo: desempleados, desahuciados, subempleados, precarios, expulsados a la emigración? en general jóvenes para los que el llamado régimen de la transición sencillamente no tenía nada digno que ofrecerles.

Claro que muchos de esos jóvenes (como se recogía en un reciente Salvados de Jordi Évole), siendo sin duda parte de los de abajo, se autoconsideran clases medias. Bien porque lo sean sus padres, o bien porque sueñen con alcanzar un estatus que les permita vivir en la sociedad de la publicidad y las teleseries. Ser medianos: no autorreconocerse como de abajo y sí como potenciales de arriba. Cosa que, paradójicamente, en un momento de destrucción de las clases medias querrían ser millones de jóvenes.

Es a estos medianos (junto a sectores de profesionales, autónomos y trabajadores estables, votantes rebotados del bipartidismo castizo) a los que se dirige Ciudadanos: prometiéndoles acomodo en su reconstrucción de la clase media. Y hacerlo sin el lastre -de momento- de jugar al capitalismo de amiguetes y a la corrupción.

Como quiera que Ciudadanos se cuida muy mucho de enfrentar su proyecto reformista a los acreedores externos o a los agentes financieros internos, su utopía de las clases medias cuenta con muchos elementos para ser un objeto de gran consumo en estas próximas Navidades electorales. Frente a los corrompidos de arriba y a los subvencionados de abajo, Ciudadanos promete un mundo en el que se multiplicarían las clases medias, los medianos.

Por eso los sondeos ya lo sitúan por encima de Podemos. Porque ante el desgaste del bipartidismo giratorio son más los que comprarán la ilusión de ser clase media que los que se reconocen entre los de abajo. Sin embargo, aunque Podemos quede en votos por debajo de Ciudadanos, habría devuelto orgullo y autoestima a los perdedores de esta crisis. No es poca cosa para irrumpir en el Congreso de los Diputados.

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La multiplicación de los ciudadanos medianos