Noviembre: ¿en depresión o en «black friday»?


Según las noticias que he recopilado este último mes, en España continuó creciendo el cáncer de la depresión y desigualdad social. Supimos que el pasado año tres millones de asalariados no llegaban a los mil euros al mes, mientras el recibo de la luz subió un 50 % entre el 2008 y el 2014, y será hasta el 2028 que seguiremos pagando el déficit tarifario.

El desempleo aumentó más de lo que lo hizo el pasado año, mientras el gasto en prestaciones disminuyó un 17 % respecto al 2014. Supimos que -como paliativo- las empresas de trabajo temporal contratarán casi novecientas mil personas en la campaña navideña. No será nada nuevo: todos los nuevos contratos de este año en Galicia, según un informe de Adecco, han sido temporales.

En un país en el que las rentas medias y bajas aportan tres de cada cuatro euros recaudados por IRPF, según Hacienda, el sueldo medio cayó a su nivel más bajo desde el 2007. En tal ambiente laboral no extraña que el Gobierno desistiese de enviar una carta personal con la previsión de la pensión futura. Tampoco extraña que uno de cada tres niños españoles esté en riesgo de pobreza (en lo que somos el quinto país de la UE). Ni que Bruselas empeore sus previsiones de déficit (por lo que habrá más recortes) para el 2016 y que anote graves desequilibrios en España a causa del desempleo y la deuda pública.

Pero, al mismo tiempo, en España continuó el frenesí ganador y evasor de otros sectores sociales no poco numerosos. Así, los cien más ricos lo son un 15 % más en el último año y de ellos las diez mayores sicavs de España tienen el 70 % de su patrimonio invertido fuera.

Mientras Telefónica aumenta sus beneficios hasta septiembre en un 70 %, la gran banca ganó nueve mil millones, casi un 16 % más, aunque siga teniendo en sus balances los mismos activos dudosos del ladrillo que hace un año. El conjunto de las empresas del Ibex ganaron un 22 % más: alegría para sus cientos de miles de accionistas.

En la tropa ganadora destaca ACS, que ahora reclama quinientos millones al Estado por su AVE fallido hacia Francia. También que cada vez existan más miles de viviendas vacías (sobre todo en la costa). Y otra buena noticia para la tropa ganadora: el Reino de España debe ya más de un billón de euros a los prestamistas internacionales y a los bancos.

En estas circunstancias muy pronto comprobaremos en las urnas quiénes del primer grupo entran al trapo del black sunday electoral de diciembre, ofertado por PP y Ciudadanos con golosas rebajas fiscales, para poder consumir cosillas de marca de clase media; aunque al hacerlo la mayoría de la población (no los del segundo grupo) padezca el deterioro de unos servicios públicos incapaces de paliar la galopante desigualdad social.

También veremos quiénes prefieren un mayor y más equilibrado esfuerzo fiscal (propuesto por PSOE y Podemos) para al menos paliar los efectos de la galopante destrucción de las clases medias y de nuestra cohesión social.

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