Pequeña magnífica noticia


Los bares de los pueblos son locales sociales en donde los forasteros que llegan van a preguntar, los que pasan se paran a tomar un café y a contar y oír noticias frescas, los fines de semana los habitantes van a charlar y a jugar.

El maestro, el cura, el médico y el veterinario habitan en la villa o ciudad más cercana. Los viejos que quedan no pueden cortar un árbol que les estorba para arar, no pueden sulfatar la huerta si no tienen carné de sulfatador, no pueden cubrir el cerezo con una red para que los pájaros no les coman las cerezas, no pueden cambiar las tejas rotas sin permiso de la autoridad competente. Cada norma nueva que sacan sobre el mundo rural es un empujón a la poca gente que queda para que se vaya. «Las leyes sobre el mundo rural las hacen señoritos que jamás mancharon sus botas de mierda mientras miran el mundo desde detrás de las cristaleras de su despacho y piensan que los tractores son alondras que cruzan raudas los campos nevados», me dijo un sociólogo.

Desde hace más de un año, Loureses sufría una pesadilla: «Pronto se cerrará el bar». Finalmente, los habitantes de Loureses podemos dormir tranquilos. Una joven pareja continuará abriendo O Palleiro. Gracias, Carmiña y Paco, por vuestra compañía durante tanto tiempo. Gracias, joven pareja, por la que nos vais a prestar y por vuestro coraje. «Magnífica noticia», se oye por todas partes. Sería una prueba de apoyo a lo rural que los bares de los pueblos no pagaran impuestos, sino que recibieran subvenciones.

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