El Estado Islámico o la estrategia financiera de Sadam Huseín


¿Le parece grande la distancia A Coruña-Badajoz? Auméntele ciento cuarenta kilómetros y no solo tendrá el tamaño de la frontera de Siria con Turquía, encontrará una raia difusa, por la cual se desvanecen todos los días miles de barriles de petróleo ¿Cuántos? No existen datos fiables. Militares iraquíes hablan de más de trescientos mil, pero fuentes similares lo reducen a sesenta mil. En todo caso, hay dos realidades que nadie puede refutar, la primera que el Daesh se ha convertido en el dueño de prácticamente todo el petróleo sirio y una parte sustancial de los campos del norte de Irak; y la segunda, que su estrategia militar ha tenido como objetivo central generar una sólida fuente de financiación. Que nadie desprecie a su enemigo y mucho menos a este.

El Ejército de Sadam Huseín aprendió, durante los diez años que duró el bloqueo al cual sometimos a Irak, a construir tupidas redes de contrabando en las fronteras del norte y el oeste, especialmente en la turca. Obtuvo, por un lado, los dólares que les negaban los mercados energéticos, controlados por las potencias occidentales, y por otro desesperó a EE.UU., incapaz de ahogarlo económicamente y por tanto, de doblegarlo. Hoy ese conocimiento sigue en activo pero a servicio de otro amo, más sanguinario pero no más estúpido.

La estrategia terrorista aplicada por el Estado Islámico en Europa puede hacernos pensar que nos enfrentamos a una docena de radicales religiosos, cargados de ira y carentes de cerebro, una versión religiosa de las Brigadas Rojas o de ETA. Olvídese.  Esta escisión evolucionada de Al Qaida lo primero que hizo, al empezar su vuelo libre, fue proveerse del capital humano más cualificado de la región, la inteligencia militar de Sadam. Tropa  de élite despreciada por el Gobierno chií de Al-Maliki, el corrupto al que pusieron al mando los Estados Unidos para que les hiciese de perro guardián de sus intereses económicos. La persona a la que le regalaron Irak cuando decidieron marcharse sin mirar atrás. El mismo que le abrió a Irán las puertas de Bagdad a cambio de que Teherán fuese su nuevo guardaespaldas. Hoy, Maliki ya no gobierna, pero todo el conocimiento adquirido por la jefatura militar suní ya ha sido transferido.

Si sirvió para alimentar durante diez años a un Irak bloqueado de treinta millones, no les valdrá para un Estado Islámico de apenas ocho, debió de pensar Abu Al Bagdadi, el líder del Daesh ¿Acertó? No me diga la respuesta. Con total sangre fría nos ha distraído con matanzas y violaciones masivas. Provocó que nuestros ojos se pegasen a las noticias televisivas y viésemos lo que él quería que observáramos. Mientras discutíamos si acoger a quince o a cincuenta refugiados, su ejército de fanáticos seguía la hoja de ruta estratégicamente marcada. 

Ya va siendo hora de que salgamos de la manipulación mediática a la que nos ha sometido y recuperemos el pulso de nuestra vida. Y de paso tengamos claro que solo hay una manera de derrocar al Daesh, y esa pasa por pisar la tierra que el mismo pisa ¿Lo haremos?

Venancio Salcines es presidente de la Escuela de Finanzas.

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