Nuestro gran tesoro


Muchos creemos que el gran tesoro que la historia nos legó a los gallegos es el campo. También el mar, pero el campo es nuestra gran riqueza; nuestro gran pozo petrolífero. Otra cosa es que no queramos reconocerlo y que hagamos apuestas inútiles por sectores en los que estamos dispuestos a invertir lo que no tenemos. Y estas políticas de inversiones baldías han sido las habituales desde San Caetano. Por eso hay que recibir, aunque sea por una vez, con complacencia y regocijo el Programa de Desenvolvemento Rural, que se aplicará hasta el 2020 y en el que se invertirán 1.186 millones, la mayoría llegados de Europa, en una apuesta sin precedentes por un mundo rural en el que vivir y trabajar. Hay que felicitarse porque, aunque con un tremendo retraso, parece que comienzan a darse cuenta de que gran parte de nuestro futuro pasa por el campo.

Un país que despide todas las mañanas a cientos de ciudadanos, la mayoría jóvenes, está siendo incapaz de mirar hacia su gran tesoro para darles una oportunidad, y así nos encontramos con que solo la tercera parte de los gallegos pueblan el 91,6 % de nuestra superficie. Y es que sectores como el lácteo, ganadero, forestal, la agricultura ecológica y la producción agraria y alimentaria en general son las apuestas que nunca quisimos hacer, pese a crear riqueza en países del entorno, estando más interesados como estamos por el turismo de zapatilla y por situar un polígono industrial en cada esquina.

Si nuestros responsables públicos se decidiesen por fin a volver su vista hacia el campo, podríamos empezar a arreglar parte de nuestro porvenir. Pero ellos el horizonte lo marcan en las próximas elecciones.

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