Para olvidar... y para aprender

Miguel Cortizo Nieto EL DEBATE

OPINIÓN

«Por muchas experiencias sabemos que no es menester mucha habilidad ni muchas letras para ser gobernador», dijo Cervantes. Ha sido esta una legislatura para olvidar, por la mediocridad de una acción de gobierno carente de la altura de miras necesaria para afrontar los retos de estos cuatro años. El Gobierno, y la mayoría parlamentaria del PP, no han sabido ni querido ver la realidad social del impacto de la crisis. De transformarla... ni hablamos. Hacía falta sentido de Estado, pero no hubo, y el interés particular, a veces el sectario, se impuso al general. Por ello, es inevitable que el adiós deje mucha más aprensión que nostalgia.

Las medidas para hacer frente a los problemas de la economía no tuvieron en cuenta a las personas. Solo contaron los grandes números y los pequeños sectores sociales poderosos. Los amplios y débiles sectores sociales afectados en lo vital del día a día fueron literalmente abandonados, y la justicia social, responsabilidad del Gobierno, fue sustituida por la caridad. Así, la «salida de la crisis» da lugar a un modelo social más injusto, más desigual y más canalla en lo que se refiere a la ciudadanía, y muy estúpido en lo que atañe a los gobernantes. No se han enterado todavía de que la estupidez siempre se dispara por la culata. La culata electoral.

Mientras, el país perdió posiciones en términos de desarrollo y quedó una alarmante regresión social que hipoteca su futuro y penaliza dura y diariamente a millones de ciudadanos. El hipotético prestigio del Parlamento ha devenido en claro desprestigio, y no sin razón. La mayoría absoluta y absolutista del PP se impuso a cualquier argumento ajeno al corral de su color. La sinrazón, la ignorancia y la estulticia como norma fundamental para la solución de la crisis y los problemas derivados. El diálogo sustituido por el monólogo. La mediocridad frente a la inteligencia.

La mayor responsabilidad atañe a los populares, pero todos la tienen en la medida que les corresponda. A veces, si el sordo no oye hay que decírselo por escrito, aunque no es seguro que todos sepan leer. Pero tampoco todos han querido escribir. Y, así, las cosas de la gente han ido por un lado y el Gobierno y el Parlamento, por otro. Aunque también en este río revuelto hay pescadores emergentes aplicando aquello de «todo o que cae na rede é peixe». Falta de altura de miras también extraparlamentaria, aunque tarde más en notarse. ¡Ay, cuando haya que dar trigo!

La crisis territorial, el problema catalán para ser precisos, ha sido otra de las grandes lagunas. En vez de coger el toro, con perdón, por los cuernos, el Gobierno y el PP miraron para otro lado y ahora los cuernos nos pillan a todos. Decía Machado que «en España, de cada diez cabezas nueve embisten y una piensa», y en el Gobierno eran todos del grupo de los nueve. Y los nacionalistas también.

Para olvidar. Pero no valdrá de nada si no se aprovecha la ocasión para aprender que si no cambia radicalmente la forma de hacer política, y de gobernar desde las instituciones, se llegará a la inanidad de la misma. Entonces habrá que recordar aquello de «los creyentes saben que por encima de Dios no hay nada, y los ateos, que por encima de nada tampoco hay nada».