La enferma no se recuperó


Ocurre en ocasiones que, cuando te dicen que has superado una dolencia, aún te encuentras, poco más o menos, como cuando te la detectaron. Y ha vuelto a ocurrir. El equipo médico que con tanto éxito operó de urgencia a España hasta lograr que caminase sin muletas va a tener que volver a llevarla al quirófano porque la enferma está muy tocada y, aunque con la cara muy bien pintada, eso sí, demasiado débil.

Porque casi al mismo tiempo en que veíamos cómo la moribunda España abandonaba el hospital, entre el alborozo de los doctores por el trabajo que creían bien hecho, la Red Europea de Lucha contra la Pobreza nos dice que 13.657.232 españoles viven en riesgo de pobreza y/o exclusión social; 3,2 millones de ellos están en situación de pobreza grave y más de un millón, en la peor situación económica y social posible. Y el presidente de la patronal, Rosell, apuntilla que la economía española ha cambiado muchísimo, pero «no ha salido de la crisis profunda y tardará mucho en salir».

Las recaídas son horribles. Los malos diagnósticos o los diagnósticos interesados tienen estas cosas; que cuando se da el alta precipitadamente y se le dice que todo va bien, pues la situación no es como la pintan y hay que volver a empezar. Es un problema de ímpetu, de falta de realismo y de no calibrar la realidad. Los enfermos o heridos graves no se recuperan por el mero hecho de darles el alta, echar a andar sin muletas y hacerles un vídeo; es preferible aguardar un tiempo y que se vayan totalmente recuperados.

Escasa confianza puede ofrecer un equipo médico tan precipitado y tan poco profesional.

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