Mas ante el juez


Que el presidente en funciones del Gobierno catalán, Artur Mas, declare ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña no es para estar contentos ni tristes. Sencillamente, la ley se ha cumplido con independencia de que el imputado por la consulta independentista del pasado 9 de noviembre sea político de postín o perito agrícola. Toda la parafernalia de la que se rodeó para acudir a prestar declaración es solo eso, y no debemos darle más importancia. El hecho con el que debemos quedarnos es que está siendo investigado por la comisión de un delito, de igual manera que si la acusación dirigida contra él fuese la de apropiación indebida, cohecho o prevaricación. Ni más ni menos, ya que la Constitución española dice en su artículo 14 que todos los españoles somos iguales ante la ley. Lo de «señor juez, no busque más, el responsable del 9N soy yo», tan solo es chulería y afán de convertirse en leyenda. Si alguien lo tiene por un personaje épico, genial para él. También somos legión aquellos que lo consideramos tan solo un cargo público que no sabe estar a la altura de las circunstancias. Un Gary Cooper desafiante que ni tan siquiera sabe estar solo ante el peligro y se rodea de cientos de correligionarios para enfrentarse en el duelo final ante el criminal Estado español. Inolvidable western y presidente a olvidar.

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