Mas en la picota


Si la CUP, partido antisistema donde los haya, cumple su palabra y no apoya a Artur Mas en la investidura como presidente de la Generalitat por los supuestos casos de corrupción habidos en su partido, buena parte de los españoles que deseamos una Cataluña próspera dentro del territorio nacional estaremos sumamente satisfechos. Los modales chulescos y claramente desafiantes de Mas pasarán a los anales de la historia de España, y no solo de Cataluña, como él desearía en su afán de obtener el calificativo de mártir de la causa contra el vecino opresor. Porque los catalanes han decidido que no quieren independizarse de España, y la CUP así lo reconoce en un gesto de honestidad política. ¿Por escaso margen? De acuerdo. Pero un partido se gana de igual manera si la diferencia es de un gol o de veinte, y como más de un 51 % han decidido que de independencia nada de nada, pues la situación es la que es. No obstante, si la CUP no se hubiese manifestado de tal manera el proceso independentista tampoco debiera haber prosperado. Al Gobierno de turno no le hubiese quedado más remedio que echar mano de nuestro ordenamiento jurídico, que es claro al respecto. Los artículos 161.2 y 155 de la Constitución hubiesen bastado. Con el Código Penal a mano. Por si acaso siguiesen jugando a ser rebeldes sin causa.

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