Dos elecciones: entre toreros y butifarras


Parece que, entre toreros de la España profunda y profesionales del patriotismo y de las butifarras, nos hemos quedado sin espacio para definir una alternativa social y territorial a la que impone el capitalismo de amiguetes español y catalán (este con lumbreras económicas como Mas-Colell o Sala-i-Martí).

Es así que el balance de las elecciones en Cataluña se ha convertido en plebiscitario sobre cuánta mayoría tienen para gobernar -y negociar a partir de ahora- los llamados independentistas catalanes. La cosa se nos transmutó, en medio de la peor crisis económica, en un clon electoral de un choque Madrid-Barça (si se me permite la metáfora). Y en provincias jaleando la jugada.

Plantearlo así no solo interesó a los que dicen querer irse de España, sino que también fue alimentado por un PP y un PSOE que jugaron a posicionarse, a costa del grave asunto catalán, para reclutar votantes españoles en las próximas elecciones generales. Y este es el segundo grave error de nuestros padres de la patria: que han vinculado lo que pueda negociarse con los vencedores de las elecciones catalanas al resultado de las próximas elecciones al Congreso de los Diputados.

Supongo que PP y PSOE confían en seguir siendo determinantes como hasta ahora. Pero hay razones muy poderosas para imaginar que ya no sea así. Porque Ciudadanos, para unos, y Podemos, para los otros, podrían configurarse como su recambio o, al menos, como un socio imprescindible en una geometría variable. Y, llegados a ese punto, es muy probable que el prolongado inmovilismo constitucional y patriótico español tenga que moverse hacia nuevos horizontes.

Territorios que, dicho sea de paso, PP y PSOE fueron incapaces de anticipar estratégicamente mientras contaron con mayorías para hacerlo. Porque hasta ayer mismo se prefirió pactar con un PNV que mantiene al País Vasco en la liga de fútbol española a cambio de tener de facto un encaje económico confederal (pues siendo la región más rica de España no aporta, sino que recibe del resto) y mirar para otro lado. Y pactar con los nacionalistas catalanes a cambio de ir ganando tiempo en la Moncloa, prometiéndoles que algún día podrían disfrutar de una versión de federalismo asimétrico, y que así el Barça no deje de disputar la liga española al Real Madrid.

A esto se ha reducido el proyecto de nuestros patriotas. Desde un Aznar que habló catalán a un Zapatero equilibrista constitucional, pasando por un González gran amigo de Pujol, y un Rajoy al que no recuerdo haber oído expresarse ni en catalán (hasta el vídeo de fin de campaña) ni en gallego. Y así llegamos hasta aquí.

De manera que el Gobierno electo de los independentistas catalanes podría negociar en el 2016, en el Congreso de los Diputados, con una muy fragmentada representación de la soberanía nacional española. Lo menos que habrá que facilitarles, en mi opinión, será un referendo a la escocesa. Y de salir en ese referendo que no son tan independentistas como parece, habría que empezar a gestionar su soberanismo -en un encaje federal/confederal- dentro de una nueva Constitución española. Que también habrá que votar. Mucha tarea por delante.

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