Ni unitaria, ni gallega


Pasa con las hamburguesas elaboradas con carne de dudosa calidad: las emborrachan de ketchup, mostaza, y otras hierbas para disimular su sabor deficiente. Lo más parecido a las malas hamburguesas son los partidos políticos. Hay algunos de extrema derecha que solo por llamarse Demócratas nos quieren colar que son buenos. Imaginen de qué pie cojea, por ejemplo, un partido de nombre tan luminoso como Amanecer Dorado. Salvando las distancias, estos días en Galicia se habla de una presunta candidatura de unidad gallega que, claro, ni va a ser unitaria, ni mucho menos gallega, como se está empezando a ver. En realidad, se trata del mismo experimento que funcionó (por ahora solo en votos) en A Coruña y en Santiago: la suma de disidentes del Bloque con elementos del comunismo, algunos con el barniz de Podemos, y rebotados del socialismo, todos hábilmente mezclados y a las órdenes, el tiempo lo confirmará, de un señor de Vallecas, lo cual es legítimo pero también inquietante. La entente amenaza seriamente las expectativas electorales del BNG, la formación que, unas veces con más acierto que otras, lleva veinte años batallando por Galicia en Madrid. Claro que hay quien dirá que siempre nos quedará Beiras. Pero Beiras ya no es nacionalismo. Es otra cosa. Puede que ni él sepa cuál.

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Ni unitaria, ni gallega