Unión Europea, leche y políticas agrícolas


Cuando hay que explicar a los jóvenes de hoy en día por qué una minoría de la población europea (apenas dos de cada cien) recibe la mitad del presupuesto comunitario, les extraña mucho enterarse de que una de las razones más poderosas para que eso sea así es el mantener agricultores en activo que nos garanticen una cierta autonomía alimentaria. Que los alimentos (y más los básicos, como la leche) son un recurso estratégico cuando los mercados mundiales se rompen (por ejemplo, por una guerra o una crisis global). Francia y Alemania sabían muy bien de lo que hablaban cuando lo hicieron así al formar la CEE. Por eso aún hoy no se permite la entrada de la leche más barata que se produce en el mundo (de Nueva Zelanda o de Argentina) en el mercado interior de la UE.

Es por eso que, cuando estos días escucho que razones de competitividad y eficiencia obligan a un ajuste de la oferta (es decir, cese de ganaderos) dentro de la UE, ahora que ya no hay cuotas (pero sí precios de intervención por encima de los de importaciones más baratas), me pregunto si el argumento de la autonomía alimentaria debe regir para toda la UE o dentro de cada Estado miembro.

Porque si en España o Galicia nos quedamos sin productores de muchos alimentos (como puede ser el caso de la leche), algún día lo podemos pagar muy caro. Por ejemplo, si algún día la leche holandesa o francesa no puede, o no se quiere, que circule libremente.

Y aun si eso no sucediera nunca, no se entiende muy bien cómo es que somos un mercado interno tan unido y permeable para unas cosas (además de protegido de los que producen fuera más barato) y, sin embargo, para otras, como es el caso de las deudas públicas o el desempleo, cada Estado tiene que enfrentarse a sus primas de riesgo y a sus pagos. No cuadra mucho que la UE sea un mercado tan unido para lo que yo te vendo más barato, pero muy separado para los problemas que te puedo ocasionar al hacerlo.

Eso en el orden externo. En el orden interno, va a ser difícil que mantengamos ganaderos, y autonomía alimentaria, si los consumidores estamos encantados de pagar menos por un litro de leche que por uno de agua (ya no digamos si lleva un poco de azúcar). Es el capitalismo salvaje del hipermercado, la sociedad de mercado.

Ya puestos, yo me apuntaría al precio de la leche neozelandesa mientras dure la fiesta. ¡Viva la competitividad y el ajuste de la oferta! Pero, ojito, algún día nos puede salir el tiro por la culata. Y en ese momento no va a ser nada fácil reinventar los ganaderos y los productores españoles de alimentos que hemos empujado a la extinción.

No vaya a ser que entonces los holandeses, o los neozelandeses, nos cobren la leche a precio de oro. Aunque, eso sí, puede que nos ofrezcan una línea de crédito con garantía constitucional para pagarles lo que nos pidan por ella. Siempre nos quedará la opción de arreglarnos con agua mineral.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
27 votos

Unión Europea, leche y políticas agrícolas